Es probable que Roque Moreno no pase a la historia como el mejor portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Alicante (aunque el listón no está muy alto). Es posible que ni siquiera sea el candidato más idóneo para disputarle la Alcaldía a la omnipresente Sonia Castedo. Y hasta es creíble que tampoco sea el más acertado secretario general de los socialistas alicantinos. Pero, a día de ayer -espero que hoy aún lo sea-, este profesor nacido en Ceuta es el máximo exponente orgánico e institucional del PSOE en la segunda ciudad en importancia de la Comunidad Valenciana.
Sin embargo, en su propio partido hay algunos convencidos de que, a pesar de sus responsabilidades actuales, su futuro está más cerca de su plaza docente en la Universidad de Alicante que de algún cargo público. Lo que Roque Moreno ha vivido durante los últimos días sólo puede interpretarse como una prueba, otra más y quizás definitiva, de los pocos amigos que tiene en sus filas, al menos entre quienes cortan el bacalao.
Y si no, que alguien me explique cómo es posible que el líder de los socialistas alicantinos no intervenga en el mitin de los números dos y tres de la organización. A saber, José Blanco y Leire Pajín. O cómo es posible que Jorge Alarte, a quien tanto defiende Moreno, ofrezca un desayuno a los medios de comunicación a menos de 200 metros del despacho del portavoz, y éste no vaya. En la cita del Hotel Amérigo Alejandro Soler y Elena Martín secundaron al secretario general del PSPV-PSOE. Alarte disculpó la ausencia de la máxima responsable provincial del partido, Ana Barceló. Ni siquiera fue llamado para sustituirla, cuando, además de todos los cargos citados que ostenta, Roque Moreno es presidente provincial del PSOE.
Si tanto respalda a su portavoz en Alicante, Jorge Alarte debería haberlo tenido a su lado ante más de una docena de periodistas, hacerse la foto y reforzarlo. ¿O es que ya no cuenta con él como candidato?
Porque a mí no me vale que después del desayuno con la Prensa, ambos se vieran en privado. Además de hacerse acompañar por Moreno ante el magnífico zumo de naranja del Amérigo, lo que Alarte debería haber hecho es acercarse después por los despachos del PSOE en el Consistorio, saludar al resto de concejales y conversar con los asesores, y sin necesidad de llevar una cámara detrás. Pero tampoco lo hizo.
La sensación de que Roque Moreno no cuenta no es la de un periodista que se asuma al Coliseo. Es ya una indignación creciente entre quienes trabajan día a día al lado del portavoz de Alicante, que tampoco entienden cómo es posible que la subdelegada del Gobierno, Encarna Llinares, no venda el Plan E en Alicante de la mano de Roque Moreno. Sonia Castedo, sin grandes esfuerzos, está rentabilizando más los millones del Gobierno central que los propios seguidores del presidente Rodríguez Zapatero.
Eso sí, Llinares sí hay tiempo para acercarse una tarde a Benidorm para echarse unas risas con el tránsfuga Agustín Navarro e inaugurar, de paso, la reforma de una plaza. Y digo lo de unas risas porque la imagen de aquella visita fue, con todos los respetos, una indignidad política. Encarna y Agustín probando una de las máquinas de gimnasia de la plaza como si no hubiera pasado nada en el último mes y medio en Benidorm desvela hasta qué punto se puede degradar la política. Y no hablo de castigar sin inversiones al Benidorm de los tránsfugas, sino de, al menos, disimular las formas.
En definitiva, Roque Moreno, que también existe, Leire, está siendo ninguneado en su propio partido. Si no lo quieren, que se lo digan. Al fin y al cabo, son tantos los portavoces socialistas en el Ayuntamiento de Alicante que han caído durante los últimos catorce años, que uno más...