El acuerdo alcanzado hace unos años por Lucía Izquierdo, con la Sociedad Centenario Miguel Hernández SL, para la gestión de los derechos intelectuales y de imagen introdujo un cambio sustancial en las relaciones de la nuera del poeta con las instituciones, según han coincidido en señalar varios conocedores de la situación, algunos de los cuales han mentido una estrecha relación con Izquierdo.
El afán recaudatorio se ha impuesto a unas relaciones que hasta ahora eran cordiales en Elche, y que ha motivado el distanciamiento de antiguos colaboradores. Todo está visto ahora desde la óptica económica, afirman. Lucía Izquierdo ha dejado en manos de la mercantil todo lo relativo a la gestión de derechos, y las relaciones entre ella y el Ayuntamiento ilicitano, que se basaban hasta entonces en el respeto mutuo y la común aspiración de dignificación del poeta y su obra, se han convertido en meramente mercantiles.
Las mismas fuentes recuerdan que hasta ahora el Ayuntamiento ha cumplido sus compromisos con la familia desde que ésta depositó el legado del poeta en el Archivo Municipal, en los años 90. El fondo se ha catalogado y digitalizado, ya está casi terminado el edificio para el Centro de Estudios Hernandianos, junto a la iglesia de San José, otro de los acuerdos. Ha habido exposiciones y otras actividades relacionadas con toda esta documentación, que ha estado a disposición de los investigadores.
Desde el Ayuntamiento se ha tenido en cuenta, aseguran, el derecho de los familiares a obtener una compensación económica del legado del poeta, y así lo han reiterado con motivo del centenario y de la renegociación atascada de la permanencia del legado en Elche. Sin embargo, las pretensiones económicas se han disparado en relación a la etapa anterior, hasta extremos que sorprenden a los negociadores municipales, uno de los cuales es un experto en gestión de derechos de marcas, de propiedad industrial e intelectual, y de imagen.
Izquierdo se ha quitado de en medio en la negociación. Todo lo relacionado con el tema lo remite a la empresa. Y ésta, lógicamente, también tiene que cobrar.