Seguramente no sea la forma más elegante de dejar una casa, ni el momento más oportuno, pero Arturo Álvarez no aguantaba más tras casi cuatro meses de «ninguneo» continuo. Hoy parte para Asturias a buscar el respaldo de su familia. No quiere saber nada del Lucentum y sólo espera que la directiva cumpla la palabra dada y le pague su trabajo hasta el 20 de octubre. La quemazón era superlativa, así que ha preferido renunciar a los tres años que recoge su contrato para no tener que, según él, tragar más: «Es probable que debiera haberme marchado mucho antes, pero me fié y nada de lo que me prometieron se ha cumplido».
El dinero no es su principal obsesión, de momento, y confía en la buena fe de quienes le sacaron del Bruesa en junio. Si no es así, el caso terminará en la mesa de un juez. «Creo que son personas honradas y sólo pido que me paguen lo que me deben, ni más ni menos. Si no me pagan, iré a los tribunales. Yo mismo he tenido que adelantar dinero para que los técnicos tengan un disco duro y puedan guardar los scoutings que van haciendo», reveló.
Su relación con Óscar Quintana no fluyó nunca por mucho que ambos se esforzaran por disimularlo en público. Ahora, tras formalizar su dimisión irrevocable, Arturo Álvarez ya no se muerde la lengua y carga contra los métodos del preparador cántabro: «Óscar me vio siempre como una amenaza. No entiendo muchas cosas de las que hace, como por ejemplo lo de que no vaya a entrenar por las mañanas o que utilice sistemas de Quim Costa de hace tres o cuatro años. Pero no he podido decir nunca nada porque nunca he sido oficialmente director deportivo», admitió con una elevada dosis de impotencia.
Hartazgo
Este asunto, tras pedir expresamente dejar de sentarse al lado de Quintana en los partidos y de que Miguel Cano diera conformidad al cambio de rol, ha sido la gota que ha colmado el vaso: «Llevo semanas esperando para firmar el contrato de director deportivo que me prometieron y ya me he cansado. Nadie me consultaba nada, los fichajes los hacían el presidente y el entrenador. Me dijeron que buscara cuatro refuerzos y puse encima de la mesa muchos nombres, pero el único que cuajó fue el de Avdalovic. En el caso de Stojic y Katelynas no existió disconformidad de ninguna de las partes y lo de Mario Austin fue una petición exclusiva de Quintana», reconoció el ex director deportivo.
En cuanto al bajo rendimiento del pívot de Alabama, Arturo Álvarez no se reserva nada (ni por precaución), y le puede la franqueza. El ovetense culpa a Chesco Collado -al que Quintana situó por delante del asturiano desde el principio y al único al que se dirigía en primera persona el cántabro- de la pobre evolución física del norteamericano.
«Es imposible que Mario Austin esté peor de lo que llegó. Cualquier profesional que trabaje con Austin, si es buen profesional, habría conseguido bajarle muchos más kilos. Había que haberle hecho un seguimiento durante el verano y no se le hizo. Sólo ha perdido tres kilos desde que aterrizó. Tendríamos que haberle multado o expedientarlo por subir kilos en lugar de bajarlos», espetó Arturo, convencido de que nadie se ha preocupado como es debido de poner a punto al fichaje más caro de la plantilla.
El técnico ovetense defiende que el Meridiano posee plantilla para seguir en la ACB, lo que no asegura es si podrá hacerlo con el actual entrenador al mando. «Hay equipos peores que el Lucentum, por lo menos cuatro o cinco, así que si no se logra el objetivo seguro que no es por culpa de los jugadores».
Arturo Álvarez, al que la directiva encomendó la tarea de enriquecer el trabajo de Quintana, cuestionado por todos, se va frustrado: «Aceptar esta oferta ha sido una gran equivocación en mi vida, pero no me arrepiento de nada porque el proyecto que me presentaron me ilusionó desde el primer momento».