De cómo jugar un partido sin delanteros, el Hércules ya sabe bastante. Lo principal, que la dificultad de ganar se multiplica por mil. No es la primera vez que le sucede esta temporada. Ayer volvió a repetirse la historia contra el Murcia. Tantos cientos de miles de euros gastados en reforzar el equipo para después tener que reconvertir a Tote en un improvisado '9'. Resulta incomprensible que un aspirante al ascenso se vea en tantas ocasiones en tal tesitura en tan breve lapsus de tiempo.
Con Rafa Jordá y Delibasic lesionados, el Boquerón Esteban se quedó sin una referencia ofensiva por una contractura cervical de Danciulescu. Uno miraba al banquillo en la segunda mitad y sólo encontraba a Kiko Femenía como opción real para revolucionar y cambiar el sino del partido. Claro, que el canterano lo intentó pero sin un matador nato en el área es misión imposible.
Las carencias del Hércules por arriba y un garrafal error defensivo dieron al traste con la posibilidad de regresar una jornada después a los puestos de ascenso. La fortaleza de la retaguardia se desvaneció por momentos, como empequeñecida por la presencia en el cuadro rival del ex capitán Sergio Fernández. Calatayud observó atónito cómo Natalio le ganaba en el mano a mano y truncaba así una racha de 500 minutos sin recibir un gol. El portero blanquiazul quedó vendido y nada pudo hacer para enmendar el fallo de juvenil de su compañero Abraham Paz.
El Murcia le ganó la partida tras la reanudación y sólo su propia falta de confianza evitó la primera derrota de la temporada en el Rico Pérez. Cierto es que con el aguja sobre el tiempo reglamentario, el conjunto del Boquerón se echó arriba a la desesperada y a punto estuvo de dar la campanada. Pero Sendoa está negado de cara a puerta, a pesar de los méritos que acumula. Lo de marcar no es lo suyo. Primero, un gol de cabeza anulado por justo fuera de juego; y en la prolongación, un disparo de falta escorada que Elía sacó con una mano increíble. Ahí, sin embargo, no quedó la cosa. El vasco volvió a probar suerte con un remate de cabeza a un centro del Kiko que el portero pimentonero atrapó sin problemas. Y así murió el partido: con los coletazos de un Hércules casi desquiciado y sin efectividad.
El Boquerón quiso acumular hombres en el ataque. Dejó a Rodri en el banquillo y renunció totalmente al centro del campo que ya había ganado el Murcia desde el gol de Natalio al minuto de la reanudación. Juntó a Gerardo, Kiko, Sendoa, Del Olmo y Tote en el campo, pero su apuesta resultó baldía. Hasta en alguna acción puntual llegaron a molestarse entre sí.
La demostración de que el equipo no sólo no gana con Tote como referencia ofensiva sino que desperdicia talento y calidad es que el madrileño fue el constructor de la acción del único tanto blanquiazul. Su leit motiv es el contacto con el balón, y no otros. Al capitán no le quedó otra que bajar a buscarlo -y de paso a deshacerse de la pegajosa marca de Sergio Fernández-. Un taconazo suyo dejó solo a Sendoa y el ex capitán del Hércules se vio obligado a provocar la falta sobre la frontal. Tres minutos más tarde, los mismos protagonistas repitieron la acción con más éxito. El vasco inicio una contra tras un rechace del Murcia, Tote aguantó la pelota ante la presión defensiva y la tiró atrás para que la rematara el propio Sendoa. No llegó él, pero desde atrás apareció Tiago Gomes para colocarla rasa.
El gol del portugués -tercero en su cuenta- sentó como una bendición. Sin embargo, la alegría duró tan poco como el cuarto de hora de descanso. Fue salir del vestuario y ver a Natalio plantado delante de Calatayud. El acoso pimentonero se prolongó. Hasta en cuatro ocasiones probó fortuna Bruno desde la frontal. Lo mismo que Kike García, que amargó la mañana a la zaga blanquiazul.
No fue un buen día para Esteban Vigo y los suyos. Sin delanteros, ganar se antoja misión imposible. Pero cuando no se puede sumar de tres en tres, el empate es el mal menor. Es la premisa del míster. Y ayer se cumplió.