Las empresas alicantinas con trabajadores asalariados registradas en la Seguridad Social ascienden a un total de 55.166, según el último dato oficial del pasado agosto. Esta cifra supone hasta un millar de mercantiles menos que las contabilizadas dos meses antes, a principios de verano. El agravamiento de la inactividad como consecuencia de la crisis económica ha hecho mella en todo el tejido productivo de la provincia y, ni siquiera, el aceptable verano cosechado por el sector turístico ha permitido detener la sangría empresarial.
En concreto, han desaparecido 1.056 sociedades en Alicante entre junio y agosto, mientras que el número total de firmas que han dejado de cotizar al sistema público se eleva hasta las 6.786 si se hace la comparativa con agosto del pasado año, cuando se contabilizaban 61.902 empresas. De hecho, se trata de una evolución interanual negativa superior al -11%, que es uno de los valores porcentuales más significativa de todo el territorio nacional.
El sector de la construcción sigue a la cabeza en cuanto al adelgazamiento de su estructura, ya que la parálisis inmobiliaria sigue muy latente, lastrada por la lenta recuperación de la compraventa de viviendas. Muchos pequeños empresarios ligados a las subcontratas no han tenido más remedio que prescindir de sus empleados y cerrar el negocio. De igual forma sucede con otros subsectores ligados al urbanismo, que tampoco han podido resistir.
Sin embargo, la recesión es generalizada en la mayoría de actividades. De hecho, la industria tradicional manufacturera prosigue también con su peculiar calvario, aunque haya sentido menos el impacto ahora. Calzado y textil han sufrido particularmente la caída del consumo, aunque como su reconversión viene de lejos aparentan un ajuste más equilibrado.
Eso sí, mayor problemática sufre el sector servicios, más dependiente de la locomotora de la construcción. En este apartado se incluye la actividad del transporte, cuyas empresas tiene verdaderas dificultades para salir adelante.
En cuanto al comercio y al turismo -ejes de referencia de la actividad terciaria en la provincia-, apenas han podido beneficiarse de la mayor alegría consumista del periodo estival. En el caso del primero, las ventas han mermado mucho pese a las agresivas ofertas y los grandes descuentos y promociones. Los pequeños establecimientos han hecho verdaderos esfuerzos para subsistir y mantenerse abiertos. En el caso de los negocios turísticos -hoteles, restaurantes, bares, otros servicios para veraneantes- bastante han tenido en la mayoría de los casos con repetir los números de 2008.