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Sana familiaridad entre docentes y discentes

VERDADERAMENTE DE CORAZÓN

Sana familiaridad entre docentes y discentes

10.10.09 -
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Se ha celebrado el 5 de octubre el Día mundial de los y las Docentes, palabra que hay que poner con mayúsculas porque ha llegado el momento en que maestros, profesores, catedráticos y cuantos otros nombres puedan tener en el lenguaje coloquial, en el administrativo, o en el científico, se les da a los que enseñan, instruyen, ayudan a aprender y a entender lo que es la vida en una maraña convulsa y tantas veces obediente a intereses ajenos a la enseñanza misma. Personas que se vuelcan en cuerpo y alma en su trabajo y además tienen que tener retranca de paciencia y vocación demostrada. Es lógico, pues, que celebren una especie de festejo para que signifique algo más que un simple reconocimiento o recordatorio. Y también porque no hay que olvidar a los Discentes (a los que también ponemos en mayúsculas porque tienen un protagonismo que como colectivo no buscan, sino que son marionetas de otros) ya que son su razón de ser. Y asimismo, porque son estos unos momentos muy especiales los que, en todo el mundo, está pasando dificultades la sociedad, gobernada a impulsos de redes, caprichos de maliciosos poderosos y de políticos empeñados en cambiar, de golpe y porrazo, sin dejar que las cosas se sosieguen y tengan su tiempo de maduración, determinadas costumbres que desean desgajar del pasado porque están deseosos de pasar a la historia y de que, cuando los quiten, queden cumplidos sus programas electorales o promesas iniciales, pues si no lo hacen pueden perder todas las prebendas personales que están disfrutando porque son muy solidarios consigo mismos.
Si la educación para la ciudadanía (que se supone educación a la democracia), que tiene sus muchos detractores, que no son precisamente personas retrógradas como algunos proclaman, incluso están entre ellos algunos que los que votaron el paquete de medidas electorales que gobiernan (y esa cosa la dejaron con buena fe con el convencimiento de que habría un claro debate o aún mejor, un consenso), se convierte ahora en algo obligatorio, deja automáticamente de ser democrático y pierde, en consecuencia, su legitimidad. Ya está pasándonos con otras leyes (verdaderamente graves) que todavía andan por los pasillos de los trámites parlamentarios a ver si pasan triunfantes por todas las salas donde cada vez hay menos senadores o diputados que no sacan la lupa para leerlas con la debida atención, moral y sana intención. A propósito, a cada uno lo suyo: El titular de este artículo, que es un deseo ante todas las cosas, pero con unas ganas locas de que sea una realidad, se lo debemos al filósofo y escritor español Fernando Savater, con quien humilde y respetuosamente no estamos muy de acuerdo en otros planteamientos; pero aquí, sí; pues, ea, pongámonos de acuerdo, que no está el patio ni para salir al recreo, con ese 31% de fracaso escolar. Hay que recuperar tanto tiempo perdido, ¿Qué digo tiempo?, han perdido autoridad padres y maestros, lo que nos ha traído una ruina en credibilidad.
¿Qué sociedad hemos hecho que los alumnos -de cualquier edad, porque siempre estamos en obras (o en construcción de nuestra identidad)- van asustados por la vida y no se fían ya de nadie? ¿Qué piensan de sus propios padres, de sus semejantes, de sus vecinos? No preguntaremos hoy, con todo lo que está pasando, cuáles son sus afectos y sus aspiraciones, para no darnos el tortazo de recibir como respuesta una subida de hombros que nos sacaría los colores. Ellos ven en la tele las historias completas, pero la de cada uno se hace poco a poco, día a día, sí, clase a clase, pero haciendo tanto lo que gusta como lo que cuesta más. Sabemos también que hay maestros que se las traen y amargan ese proceso vital de los chavales. Tampoco nos detendrán. Hoy toca brindar por los docentes en unos momentos en que están necesitados de ánimo porque para ellos los días también parecen iguales si tanto cuesta avanzar, y cuando no lo son es que pasa algo: una amenaza, un enfrentamiento abierto, un insulto. Retomamos a Savater porque nos gusta lo siguiente: «Aplaudo a los artistas, necesito a los científicos, respeto a los jueces y policías... pero mi mayor admiración y gratitud van para los maestros. Sin ellos, serían imposibles los demás». Celebramos la fiesta, sin alharacas, aportando apoyo, concienciación, comprensión y apoyo de los enseñantes por la educación, el desarrollo y sana familiaridad.
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