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La gran evasión

07.10.09 -
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En esto de la psicología también hay modas. No estoy muy segura sobre quién decide si esta temporada se van a llevar los cuadros, los botines o las faldas hasta la rodilla. Supongo que las tendencias surgen del capricho de los grandes diseñadores o de la revisión de hace unas cuantas temporadas, pues la verdad es que, en ciertas ocasiones, cada nueva colección se convierte en una vuelta de tuerca a lo ya inventado. Sobre lo que me puedo pronunciar un poco es acerca de la pasarela psicológica, si más no en lo que a corrientes u orientaciones terapéuticas se refiere, a medida que pasan los años. En este caso, al contrario de lo estipulado en los talleres de moda, los cánones del prèt-a-porter surgen del estudio de la observación clínica y de la investigación psicológica.
Si hacemos un repaso a las colecciones anteriores, vemos cómo el panorama terapéutico ha ido evolucionando y adaptándose al contexto sociocultural y a las necesidades de una población clínica que demanda ayuda terapéutica.
Freud convulsiona el panorama psicológico a principios del siglo pasado, generando un nuevo método de intervención sobre los trastornos psicológicos, traspasando el terreno de la psique humana y convirtiéndose en uno de los grandes ideólogos de la cultura del siglo XX, es el origen y nacimiento del influyente psicoanálisis. Ya de pleno en los años cincuenta, fruto de los avances en farmacología, se ponen de moda los psicofármacos como solución a los problemas psicológicos. Durante los cincuenta y la década posterior se avanza a pasos de gigante en el desarrollo de neurolépticos, antidepresivos y ansiolíticos que pronto se convierten en la cura de todos los males. Entre los sesenta y los setenta empiezan a observarse los efectos secundarios de la medicación psiquiátrica, se abandona el psicoanálisis como corriente fundamental de trabajo psicoterapéutico y surge la necesidad de crear un método psicológico efectivo. Una alternativa a lo existente viene representada por la figura de Eysenck, que alerta sobre la urgencia de desarrollo de una terapia doblemente eficaz: más eficaz que toda la metodología psicológica existente y más eficaz que los fármacos. Nace la moda conductual. Llegan los ochenta y se pone de manifiesto la eficacia de las terapias cognitivas como la de Beck; aparecen terapias breves y sistémicas, se modernizan los manuales de diagnóstico y se especializa e individualiza la terapia al cliente, no el cliente a la terapia. Desde entonces hasta ahora, el perfeccionamiento de lo establecido ha ido avanzando, consolidándose las terapias desarrolladas en décadas anteriores y aportando nuevos datos sobre la eficacia de cada uno de los tratamientos. Parece ser que la finalidad es encontrar el método más efectivo para cada uno de los trastornos, más que una metodología general que actúe de panacea.
¿Y qué se lleva ahora? Pues bien, ahora se lleva la aceptación y el compromiso. Aceptar el sufrimiento como parte de nuestra vida y desarrollar todos los recursos y estrategias necesarias para sufrir productivamente. Es la capacidad de actuar en el compromiso de uno con la vida, en dirección a los valores. Es una terapia conductual, radical, analítica, contextual y consecuentemente funcional (Hayes, Stroshal y Wilson).
Parece ser que la evitación es el patrón persistente en el individuo que provoca las mayores dosis de sufrimiento. Si quiere sufrir, evite. Como apunta Carmen Luciano (psicóloga pionera en la terapia de aceptación y compromiso), la evitación o evasión de los problemas es una solución que, en realidad, es el problema. Un patrón de vida que incluye huir deliberadamente del malestar, del sufrimiento y de la ansiedad y sólo consigue su ampliación. Y ahí tenemos la prenda estrella de la temporada: el llamado Trastorno de Evitación Experiencial. Si quieren saber qué cuelga del armario de la mayoría de personas que sufren, no duden en encontrar la pieza colgada de una percha. Lo bueno de la evitación es que produce altos beneficios a corto plazo (lo mejor que puede hacer si tiene miedo a volar es no coger un avión, todos sus miedos desaparecerán) pero el coste a pagar a largo plazo es altamente perjudicial para el equilibrio psicológico del individuo. Evitamos porque no queremos sufrir y evitando el sufrimiento, lo cronificamos en el tiempo.
No se evadan, comprométanse con ustedes mismos a afrontar todos aquellos problemas que han ido evitando durante tanto tiempo, sólo así conseguirán salir del laberinto. Vayan a la moda: acepten el sufrimiento y comprométanse a trabajarlo productivamente. Vigilen no se cumplan los temores a costa de evitarlos porque como decía Jean de la Fontaine, «a menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo».
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