El presidente del Colectivo de Comerciantes por Alicante, Pedro de Gea, supo de primera mano el pasado miércoles cómo será el proyecto de Ikea en el Plan Rabasa. Pero sobre todo conoció cómo se la juegan los suecos. A tres preguntas sobre el macrocomplejo comercial puesto encima de la mesa, uno de los representantes de la multinacional, de nombre Udo y de nacionalidad alemana para más señas, respondió de manera contundente: «No, no y no». No hay vuelta de hoja. Los 131.000 metros cuadrados para usos estrictamente comerciales son inamovibles: 14.000 metros cuadrados de la gran superficie de alimentación, los 22.000 para las medianas superficie, los otros 60.000 para 200 tiendas y, finalmente, los 35.000 metros cuadrados para la tienda de muebles de la famosa marca.
Primero, De Gea preguntó si había alguna posibilidad de reducir el volumen de metros cuadrados, luego quiso saber si cabía la opción de aplazar la apertura, prevista para el 2013 y, finalmente, el comerciante quiso saber si Ikea tiene previsto otro emplazamiento de la provincia si Alicante rechazba su proyecto. No, no y no.
El Ayuntamiento y los propios comerciantes querían conocer qué había detrás de Ikea. Se imaginaban una gran apuesta comercial, con hipermercado incluido, tal y como prevé el propio Plan Rabasa, pero nunca se imaginaron, al menos los comerciantes, que el entorno de Ikea supondría multiplicar por tres el centro comercial más grande de Alicante, el Plaza Mar 2 (Alcampo).
Cartas boca arriba
Con las cartas boca arriba por parte de Ikea, las más de veinte asociaciones de comerciantes de la ciudad tienen que tomar una decisión, cada días más previsible. El equipo de gobierno y, en concreto, la alcaldesa, Sonia Castedo, no se ha querido pronunciar públicamente, en una actitud prudente, a la espera de la decisión del Colectivo.
No obstante, la primera edil está convencida de que la operación Ikea es beneficiosa para la ciudad, tanto por la creación de puestos de trabajo directos, como por la reactivación económica de la ciudad, e incluso por el efecto de marca que los suecos generan, como ha ocurrido en Murcia.
¿Y los comerciantes? Su presidente se apresta a vivir uno de los momentos más difíciles de su vida pública. Pedro de Gea ha sido contundente y ha enarbolado la bandera de Ikea, sí, centro comercial, no. Con el paso de las semanas, a partir de que se conocieron las primeras intenciones de los suecos, el conocido comerciante comenzó a asumir que una posición intransigente podría provocar la huida de Ikea, que quizás hubiera que transigir con una oferta complementaria junto a Ikea en el Plan Rabasa. Eso sí, descartando otras iniciativas, como el área comercial en el José Rico Pérez y hasta cerrando el grifo, a través del nuevo Plan General, para cualquier otra gran superficie. Esta misma semana, en el transcurso del Pleno municipal ordinario, la alcaldesa daba este primer paso y anunció que el campo de fútbol y sus alrededores seguirán siendo zona de uso deportivo y verde, sin tiendas ni viviendas. Lo ha hecho en contra de los intereses de Enrique Ortiz, aunque que nadie se engañe, seguro que el dueño del Hércules prefiere la operación de Ikea en su Plan Rabasa a la torre en su también Rico Pérez. La decisión de la alcaldesa también va en contra de su revisión del Plan General de Ordenación Urbana, que recogía ya las pretensiones del dueño del Hércules. Pero, cualquier rectificación es buena si allana el camino para Ikea y adyacentes.
En cualquier caso, el papelón lo tiene ahora Pedro de Gea. Sabe que un macroproyecto como el presentado el miércoles lo deja prácticamente sin argumentos de defensa antes sus compañeros del Colectivo. Si apuesta por rechazar finalmente el proyecto, la tradicional comunión entre el comercio y el gobierno local del PP se verá abocada a la fractura, con De Gea como principal víctima, porque la alcaldesa parece tenerlo claro, Si De Gea se pone del lado de las tesis de la alcaldesa, se echará encima a los miles de comerciantes de la ciudad. Y lo sabe. Está convencido de que el gigante sueco creará empleo, pero también lo destruirá en la ciudad. La propia Sonia Castedo tendrá que sacar algún conejo de la chistera para buscar el consenso, si no quiere tener al pequeño comercio en pie de guerra..