Seguimos con la segunda entrega. Hasta hace pocas décadas, cuando la inserción de la mujer al mundo laboral todavía no era una realidad, el modelo imperante hacía referencia a un hombre trabajador que constituía el sustento económico de la casa. La mujer, por su lado, se ocupaba de llevar el hogar y garantizar la estabilidad emocional del vínculo y de la familia. De una manera u otra, y aunque afortunadamente los modelos han cambiado a día de hoy, no es menos cierto que el desempleo suele causar más estragos en los hombres que en las mujeres. Es como sí, inconscientemente y a pesar de que nosotras también trabajamos, toda la responsabilidad económica recayera sobre sus hombros, por lo que a la situación de inactividad laboral a inseguridad económica se unen variables como la culpabilidad y el sentimiento de inutilidad. Quizá en este aspecto, las mujeres llevamos mejor la situación ya que socialmente no cargamos con esa cruz. Ellos tienden a percibir la situación de una manera más negativa porque, en cierto modo, se pone en entredicho su capacidad de seguir siendo el capitán del barco.
¿Qué hacemos nosotras? Estamos más acostumbradas a lidiar con situaciones estresantes ya que somos más vulnerables a padecer burnout o sentirse quemada por una razón muy sencilla: trabajamos fuera y dentro de casa, por lo que la carga es siempre doble y a pesar de que, afortunadamente de nuevo, los roles se solapan con más frecuencia, en nuestro inconsciente sigue imperando la idea de que, de un modo u otro, a pesar de seguir trabajando, la carga del hogar y de los hijos recae en este caso sobre nuestros hombros. Conciliar vida laboral y vida familiar es, en muchas ocasiones, una auténtica batalla a librar para millones de mujeres. Nos encontramos de manera constante más expuestas al estrés pero, por otro lado, parece ser que llegamos a tolerarlo mejor que ellos. Quizás la clave se encuentre en el hecho que nosotras solemos buscar más ayuda y apoyo social que ellos y, en este sentido, la biología parece estar de nuestra parte ya que, como afirma Shelley E. Taylor, psicólogo de la Universidad de Los Ángeles: «Hace miles de generaciones, huir o luchar en situaciones estresantes no era una buena opción para una mujer que estuviera embarazada o cuidando a sus hijos y las mujeres que desarrollaban y mantenían alianzas sociales tenían mejor capacidad para cuidar múltiples hijos en momentos estresantes». Así que, somos más vulnerables a la exposición de situaciones estresantes, pero contamos con una respuesta más adaptativa.
Hay un curioso indicador, el Lipstick Index o indicador de pintalabios, que viene a resumir algo así como «al mal tiempo, pintalabios rojo». Viene a establecer una relación inversa entre crisis económica y venta de pintalabios. Este índice se desarrolló por primera vez en EE UU durante la Gran Depresión y la segunda Guerra Mundial, ya que en esos períodos la venta de barra de labios se incrementó un 20%. Parece ser que en la actualidad, la tendencia se repite (en España los números hablaban de un aumento del 6% durante el primer semestre de 2008 y de un 12% durante los últimos meses). Lejos de la presunta frivolidad de los datos, algo nos indica que nosotras somos capaces de establecer pausas reparadoras que, a pesar de la situación, nos permitan ciertos momentos de placer como estrategia de afrontamiento.
Sea como sea, todos (ellos y nosotras) somos conscientes de que la situación económica actual puede llegar a desestabilizarnos y lejos de arreglarlo a golpe de gloss o aumentando las conductas compulsivas y adictivas (más propias en los hombres), el auténtico salvavidas para una situación como esta, reside en la capacidad de aceptar la situación, adaptándola a las circunstancias personales de cada uno, ser realistas sin caer en el pesimismo, elaborar planes alternativos y aumentar otros valores que no dependen directamente de nuestros bolsillos. Porque como decía el filósofo español Eugenio Trias, «en esta vida hay que morir varias veces para después renacer». Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra.