Les prometo que intento no quejarme. Siempre recomiendo una actitud resolutiva, más que un estado de ánimo quejumbroso y pasivo pero permítanme hoy que me desahogue un poco (que a veces una necesita soltar un poco de lastre). Hay dos cosas de las que empiezo a estar un poco cansada: la dichosa crisis y los coleccionables en septiembre (prometo hablar algún día del fenómeno recolector postveraniego que inunda los quioscos de toda España). Así que para poder aportar algo más que una simple queja, en primer lugar les hablaré de cómo afecta y cómo puede afrontarse desde el punto de vista psicológico, la situación económica actual y además intentaré fidelizarles a través de dos entregas.
Durante el último año, las consultas de los psicólogos hemos visto aumentado el porcentaje de pacientes que acudían con lo que algunos hemos denominado "la crisis de la crisis". Paradójicamente, se hace necesaria una intervención terapéutica para poder hacer frente a una situación de precariedad o inseguridad, pero la falta de dinero impide que muchas personas puedan recibir el apoyo y ayuda necesarios. El desempleo y la pérdida de poder adquisitivo inciden negativamente sobre el equilibrio emocional y, a parte de causar estragos en los bolsillos, generan conflictos que, en caso de vivir en pareja, se reflejan claramente en la erosión de la dinámica convivencial.
El dinero se va por la ventana mientras la inseguridad, los trastornos del sueño, la ansiedad, la apatía, ciertas somatizaciones, e incluso la depresión en los casos más graves, entran por la puerta. La nueva situación laboral y la falta de recursos para poder hacer frente a los gastos, generan tanta incertidumbre que se hace francamente difícil seguir manteniendo el equilibrio y la serenidad necesarios para poder garantizar la estabilidad dentro de la pareja. Todo ello no hace más que aumentar el número de afiliados al servicio público de empleo estatal pero también el número de demandas de divorcios y separaciones.
Ante la incertidumbre y la inseguridad, nuestro organismo desencadena una respuesta de estrés. Una exposición a una situación disruptiva, desencadena una respuesta fisiológica encaminada a solucionar el problema a través de diversos mecanismos de defensa que permiten afrontar la situación. Es una respuesta natural de nuestro organismo, por lo que no resulta patológica en su origen. Lo malo es cuando esta respuesta de supervivencia se da en exceso y se prolonga en el tiempo, ya que produce una sobrecarga porque la persona no es capaz de seguir tolerando la situación y los mecanismos desencadenados para poder solventarla han perdido efectividad ya que, lejos de ayudar a la adaptación, constituyen un auténtico problema porque desestabilizan física y emocionalmente.
Cómo nos afecta a nosotras y cómo les afecta a ellos se debe más a diferencias individuales, en la mayoría de los casos, que a diferencias de género. La adaptación y resistencia a situaciones estresantes, como la crisis económica actual, están mucho más relacionadas con conceptos psicológicos como fortaleza, sentido de coherencia, optimismo, sentimiento de autoeficacia y locus of control (o percepción de la realidad) más que con el hecho de ser hombre o mujer. Son variables de la personalidad que, en caso de estar presentes, hacen más o menos vulnerable al individuo a ser resistente al estrés. Son características personales, propias de cada uno, que se relacionan con las creencias del individuo: quien confía en sí mismo y percibe la realidad de manera positiva tiene muchos más números para poder sobrellevar mejor una situación de crisis que aquél que focaliza la atención en los aspectos negativos, desconfía de sí mismo y tiende a tener una percepción pesimista de la realidad. Todos estos indicadores son los que garantizan una buena o una mala adaptación a una situación conflictiva. Curiosamente, hay diferencias marcadas por el contexto sociocultural, más que por las variables descritas anteriormente, que sí pueden ocasionar diferencias en los estilos e afrontamiento a una situación de crisis.
Y como les he avisado antes, la semana que viene más.