Cuando Fray Luis de León pronunció estas palabras a sus alumnos, en la Universidad de Salamanca, habían pasado unos cuantos años desde su última clase, supongo que lo dijo como quien quita importancia a lo acontecido (su ausencia se debió a su estancia en prisión) y se reincorpora de nuevo a su normalidad. Más o menos, con una pausa un poco más breve, es lo mismo que estamos haciendo millones de personas tras la vuelta de las vacaciones: al tajo, como si aquí no hubiera pasado nada. Pero sí que pasa y es que el entusiasmo que parece esconderse tras las palabras del poeta brilla por su ausencia en muchos casos. La desgana, la apatía, la fatiga y el cansancio se apoderan de quienes sufren dificultades en el proceso de adaptación que supone cambiar la hamaca por el sillón de la oficina. El año pasado, para estas mismas fechas, hablamos del síndrome post vacacional o lo que, en otras palabras y hasta hace poco, se conocía como la «depre tras las vacaciones». Una de las manifestaciones más comunes de quien no consigue arrancar del todo es la fatiga y es que hay hábitos físicos y mentales que nos quitan demasiada energía. Vamos a ver cómo podemos afrontar los próximos once meses con una mente saludable y descansada.
Cualquiera ve la diferencia que experimenta su estado de ánimo y actitud durante los días de vacaciones y los días que ocupan su normalidad y rutina. Lo que queda claro es que el cansancio (descartando causas físicas como ciertas deficiencias hormonales) viene provocado por situaciones cargantes y estresantes que nos hacen consumir demasiados recursos, así como la falta de adaptación a situaciones que no acabamos de afrontar. Lo normal es estar cansado tras correr doce kilómetros o hacer veinte largos en la piscina, el problema es estar cansado sin motivo aparente. Repito: aparente, porque en realidad hay ciertos comportamientos y actitudes que, sin saberlo o sin querer saberlo, nos consumen y agotan. Así que si no han participado en el mundial de atletismo de Berlín o no se están preparando para correr la maratón de Nueva York y aún así les faltan fuerzas, tomen nota.
Entre quienes se quejan de un cansancio excesivo suele esconderse un perfil determinado de individuo. Suelen ser personas con altos niveles de exigencia, sobre todo focalizada en ellos mismos, de manera que cualquier esfuerzo es poco, por lo que si hace muchas cosas resultan ser insuficientes y esta demanda energética acaba por agotar sus energías. Tras esta autoexigencia elevada puede esconderse alguien con una autoestima demasiado baja que pretende reforzarse mediante la aprobación de los demás por lo que cualquier esfuerzo requiere siempre un poco más, llevando a cabo demasiadas demandas para satisfacer a los demás. Es posible que la palabra no no figure en su diccionario personal ya que quien quiere abarcar tanto difícilmente se pone límites y acaba aceptando lo que debería negarse a realizar.
Quien está de vacaciones comprueba que, al alejarse del exceso de responsabilidades y proyectos, le ayuda a recuperar energías y ésta es la estrategia adecuada a seguir durante el resto del año. No es cuestión de no hacer nada sino de hacer menos o de hacer todo lo que se puede, nunca más. Una buena consigna es seguir haciendo aquellas cosas que más nos gustan y que normalmente relegamos a los días que están fuera de una semana normal y corriente. Incorporen este tipo de actividades en su agenda semanal, de la misma manera que programan ir a buscar a los niños o la reunión de la oficina. Del mismo modo que uno se crea el hábito de levantarse a las siete de la mañana para acudir al trabajo debe habituarse a disfrutar de un pequeño paseo, una buena compañía, una buena lectura o un buen masaje. Sin delegar estas actividades al fin de semana o a los períodos de descanso, deben convertirse en una tarea más.
Resulta paradójico que, en determinadas situaciones de sedentarismo e inactividad, nuestra mente se encuentra excesivamente cansada. Una buena manera de cargarnos de energía física y mental es la práctica moderada de ejercicio físico y la práctica habitual de actividades que nos gusten. Es cuestión de proponérselo ya que como decía Albert Einstein: «Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad».
Sean voluntariosos este septiembre, recogerán los frutos el resto del año.