El mercado de fichajes, como todo gran bazar de especias, reserva las peores sorpresas en la trastienda. Mickäel Gelabale no ha durado ni una semana como jugador del Lucentum. El alero francés ha decidido invalidar el contrato que le debía unir un año al proyecto de Quintana, principalmente porque se siente engañado, en gran medida, por el que era su agente hasta el pasado jueves: Paco López.
La historia no tiene desperdicio. Ese mismo día, horas antes de que Springsteen demostrara que otro Benidorm es posible, la oficina de representación a la que pertenecía Gelabale (Hoops Internacional) anunció a bombo y platillo en su página web la concreción de la operación. El procedimiento siempre es el mismo: se redacta el contrato, ambas partes lo rubrican, el agente da el visto bueno y se hace oficial el acuerdo a través de Internet.
El Lucentum aguantó el comunicado hasta que Paco López dio conformidad al negocio. Ya lo había hecho antes, porque es un representante con el que trabaja habitualmente el conjunto alicantino (Mario Austin también es suyo). Sin embargo, horas más tarde, en medio de los primeros acordes del Badlands (un mal presentimiento) se confirmó la ruptura con el repentino cambio de planes del tres galo.
Según ha podido saber este periódico por fuentes directas de ambas partes, el jugador firmó un contrato creyendo que era otra cosa, y no precisamente la letra pequeña. Paco López, cuando Quintana le comunicó su interés por hacerse con los servicios del francés, le puso precio al acuerdo y elaboró un borrador con las condiciones a negociar. La comisión deportiva valoró la opción y redactó una oferta con todo lo que podía dar. Gelabale la rechazó, pero no desautorizó las conversaciones, que siguieron adelante.
Miguel Cano y Paco López (muy próximo a Quintana) llegaron a un acuerdo en la modalidad de cobro para compensar al jugador con la reducción de las cargas fiscales, aunque sin variar un ápice el tope de sus emolumentos. Se redactó por segunda vez la oferta y la rubricó el agente del jugador a falta del visto bueno final de su representado.
La respuesta se hizo de rogar porque Gelabale estaba pasando unos días de vacaciones en África con varios amigos. Paco López le hizo llegar la documentación y el francés la firmó, se excusa él, "creyendo que los números correspondían al primer borrador" que había recibido el Lucentum cuando pidió precio. Como justificación se antoja pobre, pero es la que hay.
Gelabale se sintió traicionado por su agente, según él, porque no había defendido sus intereses económicos a pesar de que todo hiciera indicar que lo mejor para la carrera del jugador fuese volver a Europa a reverdecer laureles después de haber sembrado desconfianza entre los managers generales de la NBA, que le habían condenado a ganarse el pan en la liga de desarrollo norteamericana (NBDL) tras la grave lesión de rodilla sufrida y sus cada vez menos lustrosas estadísticas.
Daños colaterales
Pero el cambio de rumbo, que se trató de enderezar hasta última hora del domingo para evitar el escándalo y, sobre todo, el daño en la confección del equipo, resultó imposible. Gelabale cambió de agente -ha elegido uno estadounidense- porque, dice el galo, "creo que puedo seguir mi carrera en la NBA". Es evidente que su nuevo representante le ha ofrecido algo más suculento, porque en este negocio de mercaderes de sueños, donde todo tiene precio, lo más fácil parece invalidar contratos a pesar de haberlos firmado.
El problema para el Lucentum, que tenía muy cerca a Simas Jasaitis (el lituano sí que había mostrado interés por jugar en Alicante antes, incluso, de conocer la oferta), es que necesita encontrar un tres de garantías, no uno para salir del paso. Jasaitis se dio de plazo hasta el pasado martes para no sentarse a negociar con nadie más. Venció el plazo, porque Quintana tenía claro que quería a Gelabale pese a todos los problemas que habían salpicado la operación desde el primer momento, y al final el tirador báltico hizo las maletas y puso rumbo a Estambul para jugar con el Besiktas.
Con ésta ya son tres los arrepentidos: Jason Klein, Kristaps Valters y Gelabale. Todos se fueron de aquí para ganar más dinero. Mientras no cambie la ley, las firmas en un documento sólo serán eso, un garabato más o menos bonito. Hasta el 28 de agosto queda tiempo, pero San Emeterio tiene un caché estelar, Marko Tomas desea seguir en Madrid con su esposa (que es de allí) y Mario Stojic tiene pie y medio en Murcia.