La gala de clausura del XXXII Festival Internacional de Cine Independiente de Elche, resultó a la vez que sorpresiva, desternillante, llevada a cabo con un dinamismo, una fuerza y un ímpetu, que marcaron una pauta dentro de los anales del certamen, gracias a la profesionalidad de Cristina Alcázar y Juanma Cifuentes.
Ya desde el principio, con unos preliminares que hacían presumir el desarrollo del evento, se dejó constancia de como iba a discurrir la gala, que rompió moldes, particularmente con los últimos años en esa monotonía a la hora de entregar los premios, cada uno a cargo de determinada persona, y particularmente en lo que se refiere a la pasada versión, a cargo de directivos de la CAM. Aquí, en cambio, se llevaron a cabo por paquetes. Una misma persona llevaba a cabo la lectura de varios premios y su correspondiente entrega, incluso el propio homenajeado, Sancho Gracia, todo ello envuelto en un halo de desenfado y gracia por los presentadores.
Sólo hubo un detalle tal vez fuera de contexto, cuando Cristina Alcázar, en un fingido ataque de ira, rompió contra el suelo el presunto trofeo que tenía que entregarse, al no presentarse ninguna persona a recogerlo, lo que no añadía fuerza ni gracia al divertido montaje, en cuyo guión se incluía el temor a que se enrollase en su intervención el presidente del Cine Club Luis Buñuel, José Vicente Candela. Hhizo entrega del premio de un año de abono a las sesiones del Cine Club.
Muy emotivo el homenaje a Sancho Gracia, y sus palabras de agradecimiento, con una poesía incluida, en la que dejó patente sus excelentes dotes como actor. Los consabidos parlamentos del director territorial de la CAM, Armando Sala, destacando la salud del Festival, y con un pequeño lapsus al referirse a Alejandro Soler como alcalde de Alicante, lo que dejó estupefactos a todos, incluido naturalmente, el propio alcalde. También lo tuvo la directora del Festival, María Dolores Piñero, que citó a Jesús Rodríguez Marín como rector de la Universidad de Alicante. Por si fuera poco, el galardonado con el premio máximo del Festival, en sus rebuscada palabras en español, citó varias a veces a Alicante, aunque alguna a Elche.
Exultante
En la obligada conversación con el ganador del certamen, Daghan Celayir, en inglés y francés, a través de amigos, pudimos constatar el estado de ánimo exultante del realizador turco, rebosante de felicidad y euforia. Una persona exquisita en el trato, abierta, locuaz, que contó muchas cosas relativas a su trabajo, anécdotas incluidas.
Por ejemplo, que la realización de The one note man, cortometraje ganador, le llevó cuatro años, debido a la penuria crematística. Lleva realizados ocho cortos que ha presentado en 40 paises, obteniendo 13 premios. Se dedica a la publicidad en televisión. Dentro de las anécdotas, que los ahorros previstos para celebrar su boda, los había invertido en la realización, con el disgusto de la novia, que sigue esperando la boda.