Hay quien cada noche cruza los dedos para ver si será esta la ocasión en la que podrá conseguir conciliar el sueño. La verdad es que el calor y la humedad no son variables facilitadoras de un sueño conciliador pero, dejando de lado estas variables estacionales que, ciertamente, entorpecen todavía más el poder dormir, son muchas las personas que temen la hora irse a la cama porque, mientras la gran mayoría está deseando poner la cabeza sobre la almohada, para ellos empieza un auténtico calvario.
El insomnio es el trastorno del sueño más común. Si bien en su definición se hace referencia a la dificultad de conciliar el sueño, debemos tener en cuenta que esta dificultad puede presentarse en diferentes modalidades: el insomnio inicial (el más común) se caracteriza por la dificultad de conciliar el sueño al acostarse. El insomnio intermedio provoca que la persona se despierte frecuentemente durante la noche y el insomnio terminal se produce cuando se despierta muy temprano por la mañana, antes de lo previsto, y ya no se puede volver a conciliar el sueño. Dada la importancia del descanso de nuestro cuerpo durante la noche, el hecho de padecer insomnio puede tener graves repercusiones sobre nuestra salud ya que nuestro organismo padece los efectos de privación de sueño y descanso. Esto nos lleva a cuadros de somnolencia diurna, baja concentración, incapacidad de sentirse activo durante el día, irritabilidad, mala memoria y cansancio entre muchas otras cosas.
Teniendo en cuenta que el insomnio no es tanto una enfermedad como un síntoma, son varios los factores que pueden originar una falta de sueño: el estrés suele ser una de las variables determinantes ya que produce una elevada activación del organismo pero también es cierto que ciertos estados depresivos pueden llegar a ser determinantes a la hora de explicar la incapacidad de conciliar el sueño. Hay otras variables, relacionadas con la ingesta de ciertas sustancias (té, café, alcohol, tabaco y otras drogas) que también alteran el estado de sueño y vigilia. Si bien es cierto que el tratamiento más común incluye la toma de ciertos medicamentos, no es menos cierto que no suele ser el mejor remedio ni muchísimo menos la solución al problema.
Si alguno de ustedes sufre en sus propias carnes la tortura de no poder dormir, lo mejor que puede hacer es plantearse, a partir de hoy mismo, seguir unas pautas de higiene del sueño que puedan ayudarle. Es recomendable no ingerir cafeína desde la tarde y evitar el consumo de alcohol antes de dormir. En caso de que fume, reduzca también la cantidad de cigarrillos a partir de media tarde.
La práctica de ejercicio regular puede ayudarle siempre y cuando no se practique las tres horas previas a irse a dormir, la pauta general es evitar cualquier tipo de actividad física intensa en las horas anteriores a dormirse y, al contrario, realizar actividades que ayuden a reducir la actividad general del organismo (leer, relajarse, escuchar música suave). Obviamente se deben evitar las cenas pesadas que producen digestiones difíciles así como ingerir mucho líquido después de cenar para evitar ir al baño durante la noche. Es preferible que en la habitación donde se duerma la temperatura sea la adecuada, evitando la entrada de luz de la calle y los ruidos fuertes. Un factor importantísimo es no llevarse las preocupaciones a la cama, de manera que busquen un momento durante el día, siempre a la misma hora y en el mismo lugar, para preocuparse y libérense de esos pensamientos en el momento de irse a dormir (en caso de que surjan durante la noche, recuerde que tendrá tiempo al día siguiente para pensar en ello). Y evitan recurrir a los fármacos, salvo en casos excepcionales.
Pónganlo en práctica, su cuerpo y su mente lo agradecerán que, como decía la célebre escritora francesa Françoise Sagan, «la felicidad para mí consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarme sin angustia».
Buenas noches y buena suerte.
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