Hace trece años, en 1996, millones de hombres en todo el mundo vieron la luz al final del túnel: sus problemas de erección podían solucionarse a golpe de varita mágica en forma de pastillita azul. Había empezado la era Viagra©. El principio activo del comprimido, el sildenafilo o sildenafil, (compuesto UK-92,480) es un fármaco utilizado para algunos tipos de impotencia masculina, sintetizado por un grupo de químicos de la farmacéutica Pfizer cuya función vasodilatadora resultó y sigue resultando altamente útil en el tratamiento de la disfunción eréctil. En la otra cara de la moneda se encuentran las contraindicaciones (enfermedades cardiovasculares, insuficiencia renal o hepática, hipotensión arterial, etc.), sus posibles efectos secundarios (cefalea, visión borrosa, dispepsia, etc.), la etiología de la disfunción y los mitos asociados a su ingesta (no tiene efectos sin estimulación sexual y no aumenta la potencia o la frecuencia). El comprimido no es efectivo en todos los casos; si bien es cierto que es hasta ahora uno de los mejores remedios para la disfunción eréctil de origen físico (problemas fisiológicos en el proceso de erección del pene) no es menos cierto que constituye pan para hoy, hambre para mañana en aquellos casos en que el origen es psicógeno (la mayoría de ellos). De manera que el problema se resuelve a corto plazo y mientras se siga administrando el comprimido, pero no tiene efectos a largo plazo o si se deja de tomar, siempre y cuando el origen o la causa de la impotencia sea psicológica.
La revolución sexual en forma de comprimido vuelve a llenar las portadas de los periódicos durante los últimos días con la aparición de Priligy©, el primer fármaco lanzado para el tratamiento de la eyaculación precoz. En esta ocasión, ha sido creado por los laboratorios Jansenn-Cilang (de la división europea Johnson & Johnson). Parece una buena solución pues se estima que al menos afecta a un 25% de todos los españoles.
En este caso, los investigadores afirman que la eyaculación precoz no es un problema psicológico sino que obedece a un trastorno en la fase de orgasmo que provoca una alteración neurológica, argumentando así que no es un problema que se cure con psicoterapias (me gustaría que respondieran a los buenos resultados que he obtenido durante los últimos ocho años en todos los casos de eyaculación precoz y, al mismo tiempo, que me explicaran cómo es posible que, siendo un problema fisiológico, haya situaciones en la que un mismo sujeto presente o sufra eyaculación precoz y en otras no).
Centrémonos en su acción. Su principio activo, el hidrocloruro de dapoxetina, tomado una hora antes de hacer el amor (aunque parece ser que sus efectos pueden apreciarse a los 16 minutos), permite multiplicar por tres o por cuatro el tiempo que un eyaculador precoz emplea para alcanzar el orgasmo. Se aconseja su venta en farmacias y con receta médica. Debe tenerse en cuenta que la dapoxetina es un inhibidor en la recaptación de la serotonina, neurotransmisor relacionado con los trastornos de ansiedad, por lo que la eyaculación precoz puede esconder un miedo al desempeño que genera ansiedad ante la relación sexual desencadenando un pensamiento negativo que favorece el fracaso (concepto ampliamente desarrollado y trabajado en cualquier terapia sexual dirigida al tratamiento de la eyaculación precoz).
Parece ser que el fármaco es eficaz en tres puntos: aumenta el tiempo de duración, hay más control sobre sí mismo y aumenta la satisfacción de la pareja. Cada uno de los tres puntos mencionados constituyen los objetivos que suelen alcanzarse a través de la terapia sexual, altamente efectiva en el tratamiento de la eyaculación precoz. Pero no nos engañemos, es mucho más fácil tomarse un comprimido que empezar a trabajar de manera concienzuda para tratar una disfunción sexual. Lo que no queda tan claro es hasta qué punto el comprimido trabaja sobre la propia seguridad personal y el miedo al fracaso. Ambas variables no estarán presentes mientras siga administrándose el fármaco pero, ¿que ocurrirá cuando deje de tomárselo? Esperaremos las respuestas, aunque mucho me temo que la autoestima y la confianza en uno mismo no se venden en cápsulas.
Si todo este revuelo fármaco-comercial sirve para eliminar ciertos fantasmas que rodean a la disfunción y actúa para promover menor conciencia negativa, bienvenido sea. Pero permítanme mantenerme expectante a la rápida solución de un problema que los sexólogos llevamos tratando satisfactoriamente durante muchos años. Espero que los resultados sean positivos y resuelvan un problema que, al fin y al cabo, impide normalizar la relación sexual ya que queda enclaustrada en las garras del miedo, el fracaso y la insatisfacción. Con el tiempo se nos aclararán las dudas, ya que como decía William James, «la prueba de toda verdad reside, sencillamente, en su eficacia».