Los conceptos están claros, ahora sólo falta que se cumplan. Óscar Quintana asume la presencia de Arturo Álvarez en la secretaría técnica y pone el énfasis en que todas las incorporaciones deberán negociarse con el consenso de las partes implicadas en el proyecto. Pasa página y resta importancia a las desavenencias con la directiva vividas en las dos últimas semanas.
«A veces lleva tiempo alcanzar un consenso que sirva para remar todos juntos. Queremos lo mejor para el club, ser capaces de ilusionar a la afición y elaborar un proyecto que nos permita consolidarnos en la ACB pasando el menor número de apuros posible», explica el entrenador del Lucentum.
Uno de los nombres que barajaba la comisión deportiva, y que era del agrado del preparador cántabro, el base letón Kristaps Valters, comunicó ayer a la entidad que rechaza la oferta. Lo hace después de recibir otra del DKV Joventut, inmerso en la búsqueda de un director de juego tras la más que previsible marcha de Ricki Rubio y Pau Ribas (sujeto al derecho de tanteo).
«Tenemos claro lo que queremos, pero en el mar hay más peces y a veces llega uno más grande que se come al que tú querías pescar», razonaba Quintana. El preparador de Torrelavega sigue confiando plenamente en la validez de la dupla Berni-Llompart, aunque ahora no se opone a posibles variaciones siempre que sea para bien.
«A mí me valen los dos, pero si el club entiende que hay posibilidad de mejorar esa posición, yo no me voy a poner en contra. Lo que yo quiero es el mejor equipo posible, pero no estoy de acuerdo en la afirmación de que nuestros directores de juego del año pasado no valgan para jugar en la ACB», esgrime el técnico.
Respecto a la aparición en el escenario lucentino de Arturo Álvarez, Quintana aclara que no tiene ningún problema para trabajar con él. «La llegada de Arturo la decidió el club y luego me la comunicó pertinentemente a mí el 12 de junio. Me dieron sus razones, me dijeron que iba a ser un hombre del club y yo no tengo por qué valorarla porque es un decisión tomada por la comisión deportiva. No va a ser la primera vez que trabaje codo con codo con alguien. No tengo ningún problema en valorar de forma conjunta con él y con el resto de la comisión las posibles incorporaciones. Tenemos que debatir y consensuar que es lo mejor para todos por el bien de la entidad. Tienen que ser decisiones justas, decisiones con las que todos estemos de acuerdo, porque si no es así, no estaremos avanzando nada», recalcó.
Sin imposiciones
Quintana reveló que todas las partes se reservan el derecho de vetar alguna incorporación, pero no de forma sistemática, sino en casos flagrantes y en última instancia. «No se va a poder fichar a alguien si yo no quiero al jugador y no se va a contratar a nadie si tú (por la comisión deportiva) tampoco lo quieres. En pocas palabras, todas las partes tendrán derecho a veto. No creo que este sistema ralentice las negociaciones, pero es evidente que si no quiero de ninguna manera a un jugador o viceversa, la comisión no ve factible a otro que a mí me gusta, pues lo desechamos, y punto. Sólo eso. Tiene que funcionar como última medida, no como el veto de la ONU», aclaró el cántabro.
Óscar Quintana no quiere abundar en las carencias de la plantilla ni en su presunta fragilidad. Hablar de posiciones vulnerables, de nombres... no me gusta, porque es darle pistas al enemigo y ahora tenemos 17. Hay que trabajar, confirmar un fichaje y presentarlo. Nada más. Todo lo que no sea eso puede abortar una operación». Sin duda se refiere a la entrada del Joventut en la puja por Valters.
El letón ya es historia. Encima de la mesa ya hay cinco nombres con amplia experiencia ACB. Además del base, se busca un alero y dos pivots.