Un centenar de personas con diverso grado de discapacidad sobrevoló ayer, durante unos minutos, por encima de las barreras físicas, sociales y arquitectónicas. Unos lo hicieron en parapente y otros en aparatos paramotor, pero todos ellos superaron los 120 metros de altura que ofrece la panorámica espectacular de la bahía de Santa Pola, desde la sierra, en la zona del Olivo de Oro de Gran Alacant.
La II Jornada de Parapente y Convivencia en el cabo de Santa Pola está congregando, desde ayer, a más de un centenar de aventureros y amantes de las experiencias fuertes. Pero en este caso, se trata de aficionados de la multiaventura afectados por algún grado de discapacidad.
La iniciativa está organizada por dos agencias valencianas especializadas en turismo accesible para discapacitados, y continuará hasta las dos y media de la tarde de hoy, con el colofón de una gran paella para celebrar la hazaña lograda entre todos. Para ellos superar barreras es casi una profesión, y no necesitan volar para creer que pueden lograr lo que se propongan, pero les ayuda, según explican los voluntarios del grupo Adaptamos y la agencia Doyawana, organizadores de la jornada de convivencia y vuelo para este colectivo.
Acompañados en todo momento por pilotos titulados en biplaza, los asistentes a la jornada de ayer disfrutaron de buena suerte con el viento, y salvo algún ligero susto por los nervios de ser la primera vez, todos pasaron un día que seguramente les resultará inolvidable.
La mayoría, como Juan, de 20 años y acompañado por cuidadores de la asociación Asprodis, tiene claro que repetiría la experiencia: «Me ha gustado mucho, os veía a todos pequeñitos desde arriba», confesaba con los nervios propios de acabar de poner los pies en tierra y la cabeza aún en las alturas.
Y no era para menos. Desde las once de la mañana de ayer, el ritmo de despegues, vuelos y aterrizajes de estas jornadas parecía querer hacerle sombra al cercano aeropuerto internacional de El Altet. Los 25 voluntarios de la organización no paraban desde las dos pistas improvisadas para la ocasión.
Unos salían a volar desde la falda de la sierra de Gran Alacant, partiendo de una altura de 120 metros, y montados en un parapente junto a sus pilotos. Otros despegaban ruidosamente desde la explanada de la ermita que limita Santa Pola con Arenales del Sol, empleando aparatos paramotor. La gran novedad de esta segunda edición es que también están pudiendo volar las personas con mayor limitación de movimientos, y que cambian por un día las sillas de ruedas por las alas de su valentía.
Los cerca de 60 participantes de estas características han contado este año con este segundo aeropuerto para despegar desde tierra, sin necesidad de impulso. Pero los que pueden emplear el impulso de sus piernas para permitir que el viento hinche la vela del parapente «echando una carrera», se lanzan al aire desde lo alto de la sierra.
«Sólo se trata de dar una carrerita de cinco pasos y el sexto ya lo das volando», indica el piloto, antes de lanzarse, a uno de los participantes, que le escucha con gesto de asombro por la facilidad de la explicación. «Parece tan fácil...» contesta el Ícaro improvisado. Y antes de concluir la frase, ya está volando sobre el azul del mar, viendo a lo lejos el castillo de Santa Bárbara de Alicante.
Doyouwana y Adaptamos Group han invitado a participar en esta experiencia, de manera gratuita, a todos aquellos colectivos de personas discapacitadas de la Comunidad Valenciana que habitualmente participan en las actividades que programan ambas empresas.
Pero la convocatoria estaba abierta para cualquier persona con algún grado de discapacidad y, hasta el día de ayer, estaban apuntados a la actividad 103 personas procedentes de Valencia, Elda, Gandía y El Campello, entre otros municipios.
«No sé si podremos aceptar a más gente si siguen llegando», confiesa Nick, uno de los organizadores de la aventura. «Dependerá de lo que dure el buen viento para que podamos atender a más gente», añade mientras mira hacia el cielo.