¿Quién pone en duda hoy en día que los mayores conflictos e incluso los peores actos que comprenden el espectro del comportamiento humano, no responden a tal preciado bien? El dinero y la gestión de los recursos económicos dentro de la pareja no escapan a la creación de conflictos y peleas cuando éste acaba convirtiéndose en fuente principal de desacuerdo. Cuando los números entran por la puerta, el amor suele salir por la ventana. Vamos a intentar dar algunas directrices que les sirvan en este tortuoso mundo de las finanzas del hogar, agravadas si cabe, en los días que corren, por la situación generalizada de crisis económica que, a parte de hacer estragos en las cuentas bancarias, afecta a la estabilidad emocional de la pareja.
Siendo conscientes del nivel adquisitivo de cada pareja y valorando de manera realista las posibilidades y limitaciones marcadas por las cifras, la administración depende mucho de la escala de valores de cada uno y en función de ella debe decidirse cómo administrar el conjunto de los ingresos de la pareja. Cuando existe acuerdo a la hora de administrarse, es lógico y evidente que, en caso de haber conflictos, no están originados por esta cuestión, pero no es fácil gestionar este asunto atendiendo únicamente a las necesidades del individuo ni tampoco a las necesidades económicas exclusivas del hogar. La clave del éxito reside en repartir los recursos para poder satisfacer ambas necesidades a la vez, siempre dentro del presupuesto familiar, de manera que los platos de la balanza estarán equilibrados, al menos en cuestiones monetarias.
Los conflictos suelen presentarse cuando cada uno de los miembros destina el dinero de acuerdo con su propia escala de valores y ésta es a su vez muy divergente o incompatible con la del otro. No se puede solucionar la cuestión en este caso utilizando términos «es justo» o «es injusto» o «tú te gastas el dinero en tonterías y olvidas lo importante», porque es imposible analizar de manera objetiva las necesidades del otro, si son discordantes a las propias, y además afectan a las cuentas comunes. En este caso se hace estrictamente necesario el diálogo y los acuerdos. Una buena solución (repito, siempre dentro de las posibilidades económicas de cada pareja) es la posibilidad de establecer un dinero común destinado a cubrir los gastos que se quieran y puedan compartir (gastos fijos mensuales que deberían sufragarse a partes iguales siempre y cuando los dos sueldos estén equilibrados o siempre y cuando, obviamente, las dos personas estén laboralmente activas y con remuneración); por otro lado, una vez sufragados estos gastos fijos es recomendable que cada miembro de la pareja pueda destinar la cantidad de dinero que pueda permitirse según sus recursos a gastos que puedan cubrir sus necesidades personales y supongan un extra en la economía de pareja que, por divergencia en la escala de valores, pueda desencadenar conflictos (ropa, gimnasio, caprichos individuales, etc.). Cada uno de ellos aparta mensualmente una parte de sus propios ingresos para sus propios gastos, de manera que no debe rendir cuentas al otro ni dar explicaciones que, por diferencia de criterios a la hora de en qué gastar el dinero, suelen originar conflictos.
Sería interesante que se solucionara esta cuestión sobre los cinco puntos que están en la base de toda gestión de problemas solubles en la pareja. En este sentido, John M. Gottman, profesor de psicología de la Universidad de Washington y mundialmente conocido por ser autor de obras de gran relevancia dentro del ámbito de la pareja, propone que se siga un modelo para resolver conflictos siempre que tengan solución, dentro del seno de la pareja. Los cinco principios para poder hacerlo se basan en: suavizar siempre el planteamiento de la discusión de entrada, aprender a ofrecer y recibir intentos de desagravio, tranquilizarse a uno mismo y al otro, llegar a un compromiso y ser tolerante con los defectos del otro. Si pueden mezclar las cifras con estas cinco actitudes tienen garantías de que la crisis (al menos la emocional) no entre por su puerta. Denle a todo la importancia que merece y prioricen siempre lo importante porque como decía Alejandro Dumas, «no estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo». No caigan en su tiranía y revisen sus cuentas.