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Baloncesto

Lucentum

Los alicantinos se medirán el sábado con Los Barrios tras superar con claridad a Burgos en el tercer partido.
Quintana se olvidó de los ensayos y el equipo ofreció su mejor cara en ataque gracias a la gran labor defensiva

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En ningún sitio como en casa. El Lucentum agradeció el guiso de mamá que le hizo la grada y se metió en la Final a Cuatro que se celebrará dentro de cinco días en Fuenlabrada. Allí espera Los Barrios, un viejo conocido, pero esa es otra historia. La de ayer, la que ahora importa, se resolvió sin concesiones, sin desórdenes tácticos y con un derroche de intensidad defensiva óptimo que terminó agotando a Burgos, que se dio por contento forzando el tercer partido.
El 12-4 de inicio sirvió para constatar que el fiasco de El Plantío del viernes valió, como mínimo, para que todo el mundo asumiera que bromas las justas. Quintana apostó de inicio por sus mejores hombres. Kayle Hill, soberbio durante toda la serie, abrió la defensa de Casadevall desde el perímetro. Eso facilitó las cosas; eso, y que el técnico lucentino afinó mucho más que en Burgos.
Las rotaciones no fueron capaces de aumentar el ritmo, pero tampoco desentonaron. Con 20-15 se cerró el primer acto. El preparador cántabro llamó a Hill para no dar opción a la remontada burgalesa y un 5-0 firmadom por el escolta norteamericano devolvió las cosas a su sitio. Pero le señalaron la tercera personal. Condenado al banco por imperativo arbitral, Casadevall se hipotecó a la pericia de Diego García para inquietar algo al Lucentum.
Sin embargo, la fortuna no le sonrió esta vez. Raúl mena, su base titular, se torció el tobillo y desapareció. Su trabajo se lo repartieron Carles Marco y el escolta argentino, que con más labor y más minutos, perdió eficacia de cara al aro. El 40-31 con el que se entró en el tiempo de descanso mantenía en vilo al pabellón, consciente de que aún quedaba mucho camino por recorrer. Andreu pensó lo mismo, pero se equivocó. Un parcial de 10-0 tras la reanudación, de nuevo con los mejores sobre el parqué, dejó la serie vista para sentencia.
Burgos se movía a impulsos, los que propiciaba el juego individualista de un Diego García poco acostumbrado a compartir la bola y mucho menos a distribuirla. Sólo el empeño de Quintana -convertido ya en vicio-, de mantener en la misma estructura de equipo a Cazorla y Weigand restó potencial anotador a un Lucentum que se atascó en los 58 puntos.
Sanmartín apareció fugazmente, lo mismo que Lo Grippo, y eso le sirvió a los castellanos para limar ocho tantos preciosos. Tiempo muerto de Quintana y 61-51, tres minutos después. Todo pintaba bien. Las sensaciones eran buenas y tocaba recuperar para la causa piezas fundamentales que no atraviesan por su mejor momento precisamente.
Llompart se sacudió la sugestión que le atenaza y empezó a mover al equipo con eficacia. Se adornó y la grada empezó a disfrutar viendo que la primera parte del trabajo ya estaba hecho: 67-51. Los 100 de valoración que rubricó el Lucentum confirman un precepto capital en esto del baloncesto: cuando todos suman, el mejor equipo de la Liga no tiene rival.
Fuenlabrada es la última estación. Allí se conocerá la verdad. El equipo de Quintana debe superar su prueba de fuego y acallar el rumor, cada vez más extendido, de que fuera de casa el vestuario pasa mucha hambre y mucho frío. A ver qué pasa. La ACB espera.
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