Una historia de amor en un ambiente mágico y la recuperación de unos héroes de leyenda se encuentran en la última novela de Manuel Mira Candel, Ella es Islandia, que acaba de presentarse en la Asociación de la Prensa de Alicante y que el próximo martes se desvela también en el Fórum 80 Mundos, El periodista y escritor realizó una primera versión de esta narración, de 600 páginas con la quedó «insatisfecho, porque no había sido fiel a los principios que me inspiraron», y tras dejarla «en hibernación seis meses» se la replanteó como historia de amor en un escenario mágico, rebajó el númerom de páginas y también compartió esta creación con la próxima, que también saldrá a finales de este año, Madre tierra.
«Algunas teorías apuntan a las sagas islandesas como el origen de la novela moderna, e incluso que Cervantes se inspiró en ellas para El Quijote», comenta el Premio Azorín. Por eso, empezó a leerlas y descubrió que quería hacer algo dentro de ese estilo, la búsqueda de las identidades actuales pero «desde uina perspectiva vieja, ancestral».
El libro de Arena
De Borges, referencia de Mira en toda la novela, también aprendió su veneración por lo nórdico y lo escandinavo, una zona que el escritor conoce bien en sus viajes. En sus manos cayó El libro de arena, «del que me siento admirador profundísimo», y que aborda la existencia de un libro mágico, de páginas infinitas, que llega a un vendedor de biblias y nunca se terminaba de leer. Pensó en quemarlo al entrarle una depresión y pensó en el riesgo de que si lo quemaba destruiría el mundo entero. «Pensé que existiese en la novela una gran soñadora, en este mundo tan escéptico y con valores tan desarraigados, y cómo se podía demostrar a la luz de la ciencia que un libro de páginas infinitas era cierto. Así me inventé a Freyja, una filóloga que investiga la existencia de este libro».
Por otra parte, está el banquero Alonso Bulnes, que podría ser culquier banqueroso poderoso español, y que descubre la leyenda del primer parlamento de hombres libres en Islandia y la fantasía con Freyja, «experimenta una evolución y una metamorfosis, al buscar esa utopía, el libro de las páginas infinitas».
Para Manuel Mira, el principal reto como escritor ha sido «fusionar de una manera nítida la fantasía y la realidad, creando lo más difícil, una atmósfera mágica, que hiciera creíble lo que los personajes dicen y buscan, y creo que lo he conseguido».
En El secreto de Orcelis, con la que ganó el Premio Azorín, «había notas autobiográficas, y una búsqueda de elementos recónditos de mi niñez y de la obsesión de un personaje, mientras que en Ella es Islandia todo es inventado, los 120 personajes, una saga de vikingos, los lugares». La única inspiración real es cómo el autor plantea la narración, «el homenaje a el origen de la literatura, y Borges como referencia manifiesta constante».
Mira ha dejado un final «abierto» para no descartar continuaciones en este libro en el que «sobrevuela sobre sus páginas un búho níveo, que se transforma un ser imprescindible». Con él recurre a la idea de la inmortalidad.
Afirma Manuel Mira que va «por libre» y «no hago caso de las modas», mientras prepara el desarrollo de una novela negra, tras Madre tierra, que será la refundición de El exilio del viento y Cabo de Buena Esperanza.
«Como escritor, lo que tengo que decir es lo que me ha preocupado como hombre, que el ser humano está más solo que nunca y busca su propia identidad», reclama. Tras ganar el Azorín, y dejar atrás «la pasión del periodista que no me dejaba hacer lo que más me gusta», Manuel Mira ya puede escribir «encerrado en un castillo, como es necesario», y ver la literatura como «una demostración del amor a la vida».
Tras una operación a corazón abierto, su camino pasó por tomarse «las cosas con más calma», y decir «las cosas que siento, porque el periodista habla sobre el mundo y el escritor sobre el alma entera», concluye.