No basta con ser mejor, hay que demostrarlo. El Lucentum ayer lo hizo recuperando las virtudes que se le presuponen a un conjunto con sello ACB, uno que, a pesar de quedarse sin premio en el primer reparto, ahora muestra su ávida necesidad de redención para comerse la segunda mitad del pastel. 89-69, sin duda un marcador que refleja la diferencia entre una y otra franquicia.
Andreu Casadevall tenía claro que para romper su maleficio en el CT necesitaba enredar el partido, que no fluyera la energía del equipo que ha sido más jornadas líder en solitario de la LEB, meterle cloroformo al duelo para obligar al Lucentum a arriesgar más de la cuenta. Pero no le salió. La defensa presionante sobre la salida del balón ordenada por Quintana desde el salto inicial provocó muchas pérdidas a un rival que se quedó sin argumentos a las primeras de cambio: 17-4 en el origen del vendaval.
Cuando quieres recobrar la credibilidad perdida lo importante es demostrar propósito de enmienda. El Lucentum lo hizo, y cuando se quiso relajar por esa tendencia natural que sufren los humanos cuando salen bien las cosas, Quintana asumió su responsabilidad desde el banco. Cuatro rotaciones de un golpe y vuelta a empezar.
El acierto en el tiro exterior sirvió para abrir brecha. Kyle Hill enseñó el camino y le siguieron todos los demás. Andreu se cabreaba con mucho motivo. Sus mejores hombres estaban escondidos, como asustados, sin encontrar respuestas. Ni Peter Lorant, ni Carles Marco, ni tampoco Sanmartín eran capaces de sumar en un grupo que depende en exceso de las excelencias del argentino Diego García, el único vestido para la ocasión: 89-69, al descanso.
El desencanto de la afición se reflejó en la grada hasta que se abrió el telón de la enésima salida de tono de Quintana, que a pesar de llevar razón en su protesta, volvió a esgrimirla de manera airada y a destiempo. Burgos no aprovechó ni el regalo del técnico de Torrelavega, primero, ni el de un desmejorado Llompart, que trató de ocultar tras su enfado otra mala noche, y ya van una cuantas. Dos técnicas y balón de oxígeno para la franquicia castellana.
Tal vez eso dé respuesta parcial a la pregunta que se hace todo el mundo en la ciudad: cómo es posible que este equipo no esté ya en la ACB. Le pierde su mala cabeza.
A pesar del desajuste, el Lucentum no le dio la espalda al choque. Continúo con su excelente ejercicio defensivo y acercando al aro rival las opciones de tiro por aquello del mejor cuanto más cerca. Canastas fáciles y máxima renta: 70-51.
Burgos ya peregrinaba por el parqué cuando Casadevall castigó a su quinteto titular con minutos en pista en el tiempo de la basura. «Hay que sufrir las derrotas para saber lo que duelen y estar más listos a la próxima», les vino a decir Andreu. El Lucentum no bajó su intensidad ni un segundo, tuvo momentos de duda, pero los sobrellevó con esa contundencia tan necesaria para un grupo que, en el saludo final, desde el centro de la pista, gritó con rabia: «En Burgos no será igual».