H ace meses que Zapatero visitó oficialmente el Magreb. Aún colea la crisis diplomática anterior. El primer ministro marroquí Abas el Fassi sabe que nuestro jefe de Gobierno aún sueña con la resacosa Alianza de Civilizaciones. Marruecos no quiere saber nada de alianzas con España a no ser que interese a su economía la desconolización de las ciudades autónomas y el acaparamiento del Sahara Occidental por cansancio de la ONU. Como dijo Bill Clinton y ahora Obama, es la economía lo primero. Sin dólares no hay políticas y sin euros, tampoco. Y es la economía lo que diseña la política exterior del Gobierno español, la del marroquí y la de la mayoría de países, si no a ver por qué ponemos buena cara a sabiendas que los derechos humanos los guardan con naftalina para que no se gasten.
Nuestro Gobierno tiene la voluntad para que le rompan la crisma con esos encontronazos contradictorios que esculpe el multilateralismo unidireccional que rezuma Moratinos. Marruecos recibió millones de euros españoles en medios policiales para vigilar fronteras a sabiendas que solían regresarlos al sur. También vendemos misiles, torpedos y otro material de guerra a un país que no quiere resolver el tema saharaui y concibe a Ceuta y Melilla como el Jerusalén para los palestinos, llamándolos territorios ocupados. Tenemos una política exterior de academia de barrio, unos vecinos que saben muy bien que estilo de política exterior tenemos y un montón de humo marroquí en el que se lee «el enemigo, es español» y eso sí que me suena mucho.
Las celebraciones de la Marcha Verde que empezó un seis de noviembre con la retirada de tropas españolas del Sahara Occidental, no es más que un recurso al nacionalismo de estado para reforzar el tenderete demócrata del monarca marroquí. No es un secreto que Marruecos tiene problemas sociales. El pueblo contempla pasmao cómo crece la distancia que separa su nivel de vida respecto a nosotros. Aliado fiel de los norteamericanos, Mohamed VI concierta gobiernos y tinglados electorales poco claros que soslayan las libertades públicas al más viejo estilo autocrático en concurso directo con la oposición de su ejecutivo a la europeización de su clase media que posee vitalidad suficiente para defender sus derechos y por último el pensamiento islámico radical se está amerando en barrios y medinas. Y es que el yihadismo entiende a la perfección esa multiratelaridad española que ni en lo doméstico puede juzgarse con garantías como para ir dando lecciones de concordia y solvencia.
Y ustedes dirán que en qué nos afecta a nosotros el asunto, sin recordar que dejamos tirados a lo que la ONU reconoce implícitamente como territorio español al sur de Marruecos. Marruecos es listo y es exigente con su privilegiada posición en el norte de África. El saharahui espera, algunos de ellos aún conservan DNI. Seguimos saliendo de las zonas calientes cagando leches, abandonando a los soldados en el frente, a los policías en las calles, dándonos media vuelta cuando la cosa se pone fea diciendo eso de a un palmo de mi culo fuego. Muy español y multilateral.