Ni los satélites, ni las estaciones meteorológicas, ni los aviones. Ningún sistema de recopilación de datos sobre contaminación atmosférica dispone de las prestaciones con las que cuenta la aeronave que ha diseñado la Universidad Miguel Hernández (UMH). Se trata de un paramotor adaptado que permite sobrevolar las ciudades, por el momento a una altura de 3.000 metros, aunque se espera llegar a los 12 kilómetros, y entre sus aplicaciones más novedosas, figura la de predecir la dispersión de partículas contaminantes, por ejemplo, en casos de incendio.
Así lo explica el catedrático y director del Laboratorio de Contaminación Atmosférica (LCA), Carlos Pastor, quien indica que el 80% de los investigadores del mundo que se dedican a esta disciplina realizan mediciones al nivel del suelo. Sin embargo, estos datos ofrecen la realidad del momento, pero no otros cambios motivados por diferentes situaciones.
«Cuando cae la noche el suelo se enfría y entonces las partículas tienden a bajar, mientras que por el día sucede lo contrario. Es sólo un ejemplo, porque los contaminantes se dispersan o se concentran y conocer esos cambios es lo importante para la gente asmática, quienes padecen insuficiencia respiratoria y otros tipos de patologías asociadas, a fin de que puedan tenerlo en cuenta, también los colectivos más vulnerables, como ancianos y niños», explica el catedrático.
Primero en globo
La medición de la contaminación atmosférica en altura es uno de los objetivos del LCA, del departamento de Física y Arquitectura de Computadores. De hecho, hace más de dos años comenzó un estudio con un globo aerostático, que realizó varias ascensiones para obtener medidas sobre la contaminación atmosférica en la baja troposfera de la provincia de Alicante. El proyecto estuvo financiado por la Fundación Ruralcaja.
En aquel momento el uso de un globo aerostático para realizar las mediciones fue una iniciativa pionera. Ahora la Miguel Hernández ha querido dar un paso más modificando un paramotor, con la finalidad de poder ampliar las aplicaciones del aparato.
El primero contaba con la desventaja de que no podía dirigirse por control remoto y su recorrido estaba a merced del viento. Fue por ello por lo que los investigadores de la UMH y de la citada Fundación buscaron otro tipo de aeronave, incluso barajaron la opción de un avión, pero el elevado coste que suponía su alquiler y la imposibilidad de sobrevolar una zona muy delimitada hicieron a los promotores de la idea desestimar esta alternativa.
El paramotor dispone de dos plazas, con lo cual hay cabida para un piloto, que puede dominar el trayecto a recorrer, y otro espacio en el que el LCA instalará una caja científica de unos 70 kilos de peso, «un laboratorio móvil», señala, dotado de un sistema de comunicación para que desde el suelo se pueda consultar la información en cualquier momento, además de todo el equipamiento para realizar las mediciones oportunas.
Entre el aparataje, habrá una estación meteorológica, medidores de partículas de polvo, de CO2, captadores que cogen una muestra del aire para estudiarla con posterioridad y equipos que permiten medir la luz para obtener datos relacionados con el cambio climático.
Su puesta en marcha ha requerido la petición por parte de la Miguel Hernández de un permiso especial de la dirección general de Aviación Civil. Además, cuando esté operativo, deberá disponer de un plan de vuelo y estar en contacto con la torre de control del aeropuerto. Se le ha bautizado como UMH-1.
La idea de los científicos es medir la contaminación en altura de las ciudades, así como realizar la predicción y un estudio sobre la dispersión de partículas contaminantes, una información que en la actualidad no se maneja.
Las incursiones del paramotor podrían tener múltiples aplicaciones, por ejemplo, en fenómenos como incendios o para explicar cómo se genera la lluvia, una cuestión rodeada aún de muchas incógnitas, según el profesor.