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22.04.09 -
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Dicen que en cuestión de gustos no hay nada escrito y el ámbito de la sexualidad no se escapa a esta sabia máxima. La sexualidad vivida libremente, sin prejuicios y con el consentimiento mutuo nos abre un gran abanico de posibilidades que para unos, constituye un auténtico menú de placer y para otros, lejos de los postulados mencionados (libertad, consentimiento y congruencia) se convierte en poco menos que una tortura.
Por definición (según la Real Academia Española), el concepto de fobia hace referencia a la aversión obsesiva a alguien o a algo así como el temor irracional compulsivo. Por filia, siguiendo la misma fuente, se entiende el amor a alguien o a algo. Psicológicamente hablando, la fobia es siempre un miedo irracional, normalmente muy exagerado a determinados estímulos que se vive de una manera angustiosa, llegando a incapacitar al individuo para poder hacer frente a los objetos, personas o situaciones que desencadenan dicho miedo irracional. Por otro lado, la filia (término normalmente asociado a la sexualidad) implica una atracción extrema dirigida hacia algún objeto, persona o situación.
Las fobias sexuales, una vez establecido el diagnóstico, se relacionan con conductas de huida o evitación de la situación sexual ya que es precisamente la sexualidad la que desencadena el comportamiento fóbico. Entre las más comunes se encuentra la fobia a la penetración, relacionada normalmente con experiencias sexuales precoces traumáticas o el hecho de haber recibido una educación sexual excesivamente represiva y culpabilizadora. En este sentido, la respuesta al sexo es siempre aversiva ya que se ha condicionado a algo negativo, sucio o incluso pecaminoso. Entra la etiología de la fobia también nos encontramos con primeras experiencias sexuales dolorosas o traumatizantes psicológicamente hablando. Cuando esto ocurre se produce una contracción involuntaria de la musculatura vaginal, fruto del miedo, que impide la penetración, llamada vaginismo. La terapia sexual suele ser bastante efectiva en la mayoría de comportamientos fóbicos asociados a la sexualidad.
En cuanto a las filias, se habla mucho del concepto de parafilia (desgraciadamente hasta hace pocos años consideradas prácticas sexuales anómalas o aberrantes). En este caso, la fuente del placer no se encuentra exclusivamente en el coito o la cópula si no que se extiende a una amplia variedad de comportamientos y rituales orientados a la obtención de placer sexual. Entre las más conocidas se encuentran las prácticas realizadas dentro del contexto del sadomasoquismo, el fetichismo, el voyeurismo y el exhibicionismo. Todas ellas, vividas dentro de la congruencia interior que implica su práctica y el consentimiento mutuo, constituyen un gran abanico de exploración sexual y búsqueda de placer compartido, siempre que no se cause un perjuicio o un dolor sin consentimiento. Siempre que no constituyan un delito o una vejación ajena y formen parte del código sexual de cada una de las personas que las practican, son una fuente de variación e innovación en la práctica sexual y, en muchas ocasiones, impiden la aparición de enemigos como la monotonía o el aburrimiento sexual. También es cierto que no conviene adentrarse en ellas para luchar contra la rutina sin estar convencidos de que son prácticas que se realizan libremente y de manera voluntaria ya que entonces cometemos un gran error al contradecir parte de los fundamentos en sexualidad: hacer las cosas porque queremos, desde el deseo previo y de acuerdo con nuestra propia escala de valores. Experimentar sin traicionarse a sí mismo y a los demás es la mejor manera de vivir la sexualidad sin prejuicios, totalmente orientada a la satisfacción personal y mutua. No se adentren erróneamente en el terreno de la experimentación sexual si antes no están plenamente convencidos de que tanto usted como su pareja quieren hacerlo. Permítanse el lujo de poner en práctica algunas de sus fantasías pero dejen siempre algunas sin realizar, ya que es la garantía de que no caerán en las terribles fauces de la saturación o el hastío. Sean un poco malos, convencidos de ello, ya que como decía Grant Morrison, si vas a hacer algo relacionado con el sexo, debería ser cuanto menos genuinamente perverso. Sin perder el norte, obviamente.

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