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15.04.09 -

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Cuando la mente enferma
J. M. GUADALUPE
La necesidad de equilibrar mente y cuerpo no es algo conocido desde hace poco, a pesar de la gran difusión durante las últimas décadas de técnicas alternativas a la medicina tradicional que nos permiten alcanzar el equilibrio en dicha balanza. Juvenal, poeta romano de finales del siglo I y principios del II, nos avisaba de la importancia de mens sana in corpore sano. No es raro encontrar, en la consulta de un psicólogo, personas aquejadas de toda clase de dolores físicos que, tras previo análisis y tratamiento médico, no remiten. En muchas ocasiones, las emociones y los conflictos personales no resueltos pueden llevarlos a enfermar físicamente.
En psicología, hablamos de somatización cuando la persona se ve afectada por numerosos síntomas físicos, que suelen tener el inicio antes de los 30 años, sin una explicación médica que pueda diagnosticar algún tipo de enfermedad o sea capaz de explicar los síntomas. En algunos casos, la gran variedad de síntomas y el mantenimiento en el tiempo, suelen llegar a incapacitar a la persona para poder desarrollar un ritmo vital normal, sumiéndola en cuadros depresivos frutos del dolor sin origen médico y la ideación hipocondríaca asociada. Sus pensamientos van irremediablemente asociados a la vivencia de enfermedad constante y sin remedio que les acompaña a lo largo del tiempo, emocionalmente sufren y parece ser que nadie le puede dar una explicación médica a sus síntomas. Entre los dolores más frecuentes por somatización encontramos dolores de cabeza, espalda, trastornos gastrointestinales y disfunciones sexuales, entre otros.
Este tipo de trastorno es conocido desde hace años, incluso siglos, según documentan algunos tratados en medicina, pero ha ido recibiendo distintos nombres a lo largo de la historia. Muchas personas que padecían sin explicación alguna acabaron quemados en la hoguera durante la Edad Media bajo sospecha de brujería. Siglos después autores como Briquet o Freud formulan la definición y los mecanismos psicológicos que se encontraban en el origen de este tipo de enfermos imaginarios, es entonces cuando aparece el concepto de síndrome de Briquet o histeria de conversión. Este último tipo de trastorno, concretamente, solía manifestarse con síntomas neurológicos que inducían cegueras o parálisis pero que no tenían explicación ni origen físico alguno, surgían como fruto de la represión extrema de emociones. Ya en el siglo XX, en 1980, se describe por primera vez en el DSM-III (Manual diagnóstico y estadístico de lostrastornos mentales, creado por la Asociación Psiquiátrica Americana) la categoría de trastornos somatomorfos.
Una falta de recursos a la hora de hacer frente a las dificultades emocionales y a los conflictos psicológicos que sufrimos nos puede llevar a enfermar porque el desequilibrio causado, lejos de disiparse con el tiempo, se transforma en un síntoma físico que nos indica que hay algo que no está resuelto. De aquí que, muchas de las personas aquejadas de somatizaciones físicas, mejoren sustancialmente a través del trabajo psicológico ya que, lejos de indagar en el organismo, la causa suele estar en la mente.
Laura Gutman, terapeuta familiar y escritora, llega a afirmar que detrás de nuestras dolencias suelen haber sentimientos que no han sido elaborados o estados de ánimo ocultos que buscan ser encontrados a través de la manifestación física. No en vano, según la autora, detrás de ciertos niños con tendencia a resfriarse continuamente, puede haber un niño triste. El cuerpo no está enfermo, según Gutman, simplemente algo que nos provoca malestar psicológico aflora en el plano físico. De manera que si enferman y no hay causa orgánica que le pueda dar explicación, revisen los recovecos de su mente porque el piloto de alarma se les acaba de encender. La mejor receta es la búsqueda del equilibrio y la felicidad interior, ya que, como decía Thomas Jefferson, la vida carece de valor si no nos produce satisfacciones. Entre éstas, la más valiosa es la sociedad racional, que ilustra la mente, suaviza el temperamento, alegra el ánimo y promueve la salud. No se me ocurre mejor remedio, apunten la receta.
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