La Liga LEB es tan complicada que ni siquiera te garantiza que puedas entrenar en la víspera del partido. Cuesta creerlo, pero así es. El Lucentum improvisó una leve sesión de trabajo en el aparcamiento de su hotel de concentración en Melilla. Después, examen de vídeo para quemar los minutos previos al toque de queda, que se hacen muy, pero que muy largos. Curiosamente, el conjunto de Paco Olmos sí que gozó de pabellón para trabajar en sus dos visitas a Alicante. Es evidente que siempre hubo clases, y situaciones como ésta retratan a cada cual.
El madrugón que se pegó la plantilla -su avión a Madrid salía a las siete de la mañana- acabó al filo de la una del mediodía en el parador de la Ciudad Autónoma. La previsión, esta vez, no tuvo recompensa y tocó matar las horas porque el viaje se cerró hace meses, cuando era imposible prever el celo melillense con su cancha. Resignación.
El Lucentum, a pesar de todo, inicia esta noche (21.00 horas) el camino que le debe conducir a la ACB. Y a aunque todo el mundo coincide en señalar el duelo de Pisuerga como el más trascendente de la temporada, lo cierto es que conviene conservar todo lo que se pueda el escaso margen de ventaja que tiene el líder sobre la franquicia que dirige Porfirio Fisac.
Ganar en Melilla no se antoja una empresa fácil. Los hombres de Olmos aún andan escocidos por las dos palizas que recibieron en el CT y, pese al vació en forma de derrotas que les dejó el varapalo, cinco seguidas, aún tienen opciones de ascenso.
Para ello necesitan superar al cuadro de Quintana y doblegar después a Valladolid, también en casa. En su mano está, de ahí que se hable de revancha para alentar a la tropa. El club del enclave norteafricano ha promovido varias iniciativas para reventar el pabellón: dos entradas al precio de una por sólo 5 euros. El ruido está garantizado, pero para cualquier jugador con mentalidad ganadora este tipo de ambientes suele extramotivar. Veremos qué pasa.
Se conocen todos
A estas alturas de temporada buscar sorprender a tu rival no resulta sencillo. Olmos y Quintana han reforzado sus planteles con respecto a la primera vuelta. El cántabro ha fichado a Alfonso Sánchez y el valenciano al base Óscar González, ex de Gandía, o sea, de su total confianza. Jon Santamaría y Dani López pagaron los platos rotos del periplo melillense por la abulia tras la Copa y ahora parece que todo vuelve a funcionar.
Cuatro victorias consecutivas, pero sólo una de enjundia (Breogán). Les llega el momento de la verdad. Ahora, o a pensar en la ruleta rusa para dejar por fin una categoría en la que son los más veteranos después de 11 temporadas consecutivas en ella.
Andriuskevicius, determinante en Cáceres, y Weigand están tocados, aunque ambos jugarán, lo mismo que Héctor García, con molestias en la planta del pie. Olmos ha hecho mucho hincapié en la dureza con la que hay que defender. Si el Lucentum sale dormido lo pagará muy caro. El pasado ya no cuenta, hay que jugar sin miedo y con la sangre muy fría. Sólo puede quedar uno.