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El Ente Gestor de Transportes pretende recuperar los depósitos ocultos de la Serra Grossa Son veinte enormes bóvedas excavadas en la montaña que sirvieron de refugio en la Guerra Civil

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Las ciudades, como las personas, tienen memoria, que es su paisaje urbano. De lo bueno, de lo malo, las vergüenzas y sus éxitos. Y también tienen un subconsciente oculto del que apenas queda recuerdo. Algo parecido le ha ocurrido a Alicante con los depósitos de combustible excavados en el interior de la Serra Grossa en la Guerra Civil, una joya que el Ente Gestor de Transportes (GTP), aprovechando que el paso de la línea 1 obliga a reformar esta zona de la ciduad, quiere poner en valor para abrirlos al público y convertirlos en un atractivo único en España. No es una idea nueva. El director del Ente Gestor, Antonio Carbonell ya organizó en el 2006 una visita a la finca La Británica. Ahora, la Conselleria de Infraestructuras parece dispuesta a llevarla a cabo.
El escenario es impresionante, y bien merece el esfuerzo. La Verdad ha recorrido de nuevo, con pausa y buenos asesores, sólo una pequeña parte de las galerías y bóvedas excavadas a martillo y barrena en plena Guerra Civil y que sirvió como elemento estratégico de defensa ante ataques aéreos para un bien primordial, como era el combustible.
Cientos de metros de galerías excavadas en la roca viva, que se abren en los laterales a veinte bóvedas, ocho en las que se crearon tanques con una capacidad de 20.000 metros cúbicos y otras doce más pequeñas, para depósitos de 500 metros cúbicos.
Hoy esta gran infraestructura se mantiene en buenas condiciones constructivas, a pesar de que llevan abandonadas más de 40 años, desde que en 1966 Campsa trasladara la actividad industrial desde esta parte de la ciudad a la zona sur.
La decisión de tapiar las tres entradas a las galerías desde el exterior ha permitido salvaguardar, en cierta forma, la integridad del conjunto. Aunque también ha privado a los alicantinos tener conocimiento de esta factoría subterránea.
Sólo tres pequeños huecos en la pared de la roca permiten entrar al recinto. Estan en la enorme explanada que se ha construido en la parada del Tram en Sangueta, en un espacio que antaño fue la refinería La Británica, abierta en 1875. Todavía se puede observar sobre la roca los cortes de barreno para las extracciones de piedra y los tejados de ladrillo a dos aguas, que formaban el complejo industrial.
Detrás de lo que fueron las oficinas de la refinería se excavaron en 1937, en plena contienda, tres huecos que dan acceso al complejo interior. El plástico puesto sobre una moqueta instalada para la visita del presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, en julio del año pasado permite cubrir los restos de vías que tiempo atrás transportaban el combustible.
Alguna vagoneta abandonada en un lado recuerda cúal era la función de este complejo subterráneo, ya que se desmantelaron todas las instalaciones, no se conservan depósitos ni la maquinaria que en su momento debería contener. Sí placas de hierro que marcan la circunferencia de los depósitos o tubos de extracción que se infiltran en el entramado de túneles de ventilación entre las bóvedas y la parte exterior de la Serra Grossa.
En el recorrido todavía se pueden observar en las paredes declaraciones de amores juveniles y en el suelo, no con intención romántica, restos de hogueras de personas sin hogar que se encontraron este enclave. Otras historias hablan de que en la Guerra Civil servía de refugio a la población civil y que los empleados de la refinería montaban peleas de perros, como distracción o apuesta, según cuentan algunos de los empleados que allí trabajaron. Muchos alicantinos pasarían allí los días de los bombardeos o las jornadas de trabajo en una fábrica que permanece en el subconsciente de la ciudad, con voces acalladas que conocen su existencia. Mantener viva la memoria del lugar, de unas instalaciones que construyeron parte de la historia de la ciudad es revivir a todos los alicantinos.
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