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El Lucentum pierde con el colista en casa y mete a Valladolid de lleno en la lucha por el primer puesto El desorden colectivo y la precipitación desmedida complican la consecución del objetivo

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Un día malo en el peor día, una derrota inoportuna, aciaga, triste y desesperada. Un borrón con tinta china de los que obligan a repetir el libro entero. El mundo al revés: el colista poniendo la cabeza y el líder los nervios. El Lucentum mostró ayer su lado más voluble, empezó mal y acabó peor, sin sitio, sin razón y precipitado hasta decir basta. Nadie esperaba esto, y mucho menos Valladolid, que después de arrollar a Breogán (79-62), depende de sí mismo para asaltar la cabeza.
No funcionó nada. Quintana sorprendió a todos colocando a Alfonso Sánchez en el quinteto titular, tal vez para aprovechar al máximo los efectos del calentamiento previo al inicio de la contienda. Le salió mal el experimento (1-10).
Rosalía, con sólo cuatro triunfos y pie y medio en la LEB Plata, golpeó primero. Pero ése no fue su mayor mérito, mejor aún resultó que no se pusiera nervioso ni cuando el Lucentum amenazó con hacerle trizas. No sucedió, y mucha culpa de ello la tuvo un porcentaje en tiros de campo impropio de la calidad de la plantilla alicantina. Cuando te falla la mano hay que sacar petróleo de los lanzamientos desde la personal. Tampoco: 18 de 28, para echarse a llorar.
Las rotaciones sirvieron para cambiarle la cara al equipo y darle la vuelta al duelo, aunque sin visos de poder romperlo. El principal problema que no supo resolver anoche Quintana se centró en dar con la estructura más conveniente en pista, porque el que ayudaba en defensa lo estropeaba en taque y viceversa. Algunos, incluso, ni una cosa ni la otra. Sin hacer ruido y bien protegido por Kammron Taylor, Rosalía fue dando pasos pequeños hasta llegar al descanso solo un punto por debajo: 35-34.
El receso reglamentario calmó por un instante la ansiedad de un líder que ayer no demostró serlo pese a la presunta entidad de «final» que para el cántabro tenía el duelo más desigual de la Liga observando la tabla. Esa tranquilidad y una polémica técnica señalada a Nana Harding dieron al Lucentum un margen que parecía idóneo: 56-46.
Pero nada más lejos. El 12-20 del último cuarto confirmó lo que ya se sabía a esas alturas, que los alicantinos no estaban por la labor de hacer valer su superioridad. Pese a todo, Quintana dispuso de una última jugada para ganar el partido. Tiró de pizarra y la situación la resolvió Kyle Hill, con el tiempo casi vencido, lanzando el triple definitivo pese a firmar una paupérrimos porcentajes de tiro. Se impuso la lógica: falló. Prórroga. El resto, la desgracia y Urtasun rompiéndose la camisa por pura rabia.
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