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18.02.09 -

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Martes y 13
Se despierta con la monótona melodía de su despertador, al apagarlo tira un espejo y lo rompe en mil pedazos, se levanta de la cama con el pie izquierdo y al mirar al calendario comprueba que hoy es martes y trece. Al bajar a la calle tropieza con un gato negro que se ha colado por debajo de la escalera mientras usted la cruzaba... ¿está seguro de que va a tener un buen día? Cada una de las situaciones anteriores forman parte de la cotidianidad de la vida y, ciertamente, pasarían totalmente desapercibidas de no ser por toda una tradición que dictamina que hoy no será muy afortunado, que vale más que no ponga en marcha ninguna acción importante (sobre todo no se le ocurra casarse hoy ni mucho menos embarcarse), que lo más seguro es que le hayan caído encima siete años de desgracia seguidos, que puede ser que reciba malas noticias y es muy probable que sea víctima de algún que otro percance. Si analiza la situación de todo lo que le ha ocurrido desde que se ha levantado esta mañana puede que llegue a la conclusión de que no hay ningún indicio razonable que establezca una conexión directa e inequívoca entre cada una de las situaciones vividas y sus posteriores sentencias. A pesar de este ejercicio de lógica y razonamiento mental, su predisposición para hacer frente a este día será nefasta y, lo peor de todo es que usted no habrá hecho nada de manera voluntaria para que sea así. Simplemente constatará el hecho de que las supersticiones forman parte de su vida y, además, si realmente hay algo que hoy no le salga tal como usted desea y espera, alimentará y reforzará la fantasía: la profecía se habrá cumplido. Cuando en realidad no es más que una cuestión de atribuciones que anticipan lo que le pueda ocurrir.
En su vida cotidiana, sus experiencias le obligan de un modo u otro a actuar como psicólogo o pensador constructivo. Se ve forzado a juzgar las causas y las implicaciones de su propio comportamiento y del de los demás. ¿Por qué lo hace? Simplemente porque la percepción no es sólo una cuestión de sensaciones, sino también de interpretación. Éste es el fondo de la atribución: explicar e interpretar todo lo que le rodea. Las supersticiones, en este caso, juegan un papel anticipatorio importante en el proceso atribucional y actúan como predictores de sus futuras desventuras. Ahora bien, ¿son el camino adecuado a la hora de explicar todo lo que le ocurrirá durante el día de hoy? ¿Le son útiles a la hora de proteger, preservar o ampliar las distintas creencias sobre usted mismo? Como puede imaginarse la respuesta es claramente negativa. Más bien constituyen una fuente de distorsión o creencia errónea en el proceso de percepción de cada una de las situaciones e incluso pueden llegar a condicionarle de manera marcada en cada una de las decisiones que tome hoy. A pesar de todo ello, las supersticiones juegan un papel importante y forman parte de su vida.
Es probable que las supersticiones escondan cierta inseguridad y falta de confianza en usted mismo y en sus propios recursos y competencias a la hora de responsabilizarse de sus propias acciones, sobre todo de aquellas que no le conducen precisamente al éxito (tenga en cuenta que la mayoría de supersticiones tienen siempre un fondo negativo y predictor de desgracias). En este sentido, hay una cierta tendencia a atribuirse los resultados positivos, haciéndose directamente responsable de todo lo que le va bien y, en cambio, tiende a explicar sus fracasos en función del comportamiento de los demás, el medio, la situación o la mala suerte. Es como si el sentido de la responsabilidad en todo cuanto sale mal fuera nulo. La superstición se mantiene en la mayoría de culturas debido a este proceso atribucional subyacente. Ahora bien, los supersticiosos corren el riesgo de conducir su vida y sus acciones bajo este tipo de preceptos, guiados por el pensamiento mágico alejado de la realidad. Hágase responsable de sus propios actos, más allá de estas viejas creencias sin fundamento, no se vaya a cumplir, como dice Umberto Eco, que la superstición trae mala suerte.
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