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Orihuela

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El ser humano necesita a los médicos y los políticos a los politólogos. Cada uno de nosotros envejecemos a velocidades distintas ya que el político suele hundirse con más facilidad en el limbo. Cuando el político enferma y se cree hundido políticamente el que sufre es el ciudadano, que irá al médico a que le mande algo. La persona se tomará sus pastillas pero el político nunca reconoce estar enfermo y se hunde cada vez más. A veces el diagnostico no es grato y el político que solo piensa en su coste de oportunidad, busca una opinión que le agrade y curanderos de lo suyo los tienen a mansalva. Así que los políticos malos, malos de mediocres, no de enfermos, huyen de los politólogos considerándolos intrusos. Ya se sabe que en el país de los ciegos el tuerto es el rey, así que la Facultad de Orihuela que imparte entre otras la licenciatura de Ciencias Políticas y de la Administración seguirá arrinconada sin la consideración municipal debida respecto al potencial desperdiciado.
¡Jesús, mete más caña que me aburro!, dice mi colega Luis de vez en cuando, blandiendo su tónica. Pero Luis, ya sólo me hace falta un guardaespaldas. Cuando me invitaron a escribir en este diario por amor al arte, sabía que el que escribe se proscribe pero ignoré a los verdugos voluntarios. Tengo una relación tormentosa con estos paparazzi del correveidile, fabricantes de rumores, de hachazo fácil. Su ejercicio de libertad de expresión está condicionado al visto bueno del líder del grupo. Es dependencia en la opinión, propia de lacayos con apariencia de hombres libres pues sus intereses se imponen a la justicia en su mundo de tribunales de honor y cuadrillas de escarmiento.
Recuerdo que hace dos años se publicó en este diario un artículo en el que se realizó una crítica a la forma de otorgar aparcamientos nominados en las calles para ciertos empleados públicos o minusválidos sospechosos de serlo. La reacción fue que alguien empezó a mover hilos y se lo tomó como un asunto personalísimo. Soltó a los verdugos como el que suelta perros y se armó la marimorena. En cada bandazo que daban atropellaban al que encontraban y encima se escondían.
Verdugos impartiendo justicia, pensé más tarde. Además, estos elementos creerían igual de jactancioso y arrogante no ya sólo escribir una columna relacionada con Orihuela sino ver mi nombre en el papel saludando con un cortés buenos días, sin más. El verdugo aplicaría la misma pena. ¿Será por que me atrevo a opinar de política, políticos y políticas públicas? No, no es eso. Les he generado una inercia negativa igual a la que siente el esclavo cuando pierde al amo. Esa clase de persona no tiene cura aunque la vea el mejor comecocos del mundo, así que habrá que aprender a vivir con estos tipos acechando en cualquier esquina.
Me consuela saber que quien no comprende una frase tampoco comprenderá una explicación así que aunque señale al cielo, seguirán mirando al dedo. He aprendido que sobran médicos y sobre todo politólogos para esta clase de enfermos tan sinvergüenzas. Y Luis dice ,¡mete más caña, que me aburro!
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