¿Se habrá preguntado alguna vez el editor que rechazó el proyecto de J.K Rowling, autora del mago más famoso de las últimas décadas, si fue cuestión de mala suerte renunciar al filón llamado Harry Potter? ¿Se habrá flagelado hasta la saciedad el quinto Beatle por renunciar a seguir tocando con un grupo de desmelenados sesenteros por creer que no tenían ningún futuro? La verdad es que, en cuestiones de suerte, ninguno de los dos puede considerarse muy afortunado, teniendo en cuenta que en su momento renunciaron a dos proyectos que han resultado ser dos auténticos fenómenos sociales. Lo curioso es que, lejos de ser una cuestión de mala suerte, el resultado no es más que la consecuencia de las decisiones que cada uno de ellos tomó en su momento. La suerte, en cuanto a comportamiento se refiere, no existe más que en la voluntad de cada uno de nosotros. No estaríamos hablando entonces de una cuestión de azar, sino de cómo nos posicionamos ante nuestra vida. Si queremos encontrar el trébol de cuatro hojas no tenemos más que empezar a potenciar nuestra propia suerte.
En el año 2004, un libró subió como la espuma en las listas de los más vendidos: La buena suerte. Sus autores, Álex Rovira y Fernando Trias, decidieron entrevistar a personas que habían tenido éxito en sus vidas, gente que podría identificarse claramente como individuos a los que la buena suerte les había sonreído. El libro es el resultado de la identificación posterior de una serie de rasgos comunes a todos ellos. La moraleja resultante del libro nos viene a decir que tiene suerte aquel que realmente toma una actitud proactiva ante la vida y decide aceptar los retos, con motivación e ilusión; por lo que la buena suerte no es sólo cuestión de azar. Los verdaderos responsables del éxito somos nosotros mismos, no la tan apreciada diosa Fortuna.
Así que, si son de los que esperan su aparición sentados en sus sofás, empiecen a cambiar de actitud. No vale seguir interpretando el papel de víctima, acepten la realidad tal como les viene, ya que la aceptación siempre es el primer paso para tomar una actitud positiva y activa en la vida. El reconocimiento de los errores les ayudará a encontrar soluciones, de manera que siempre pueden sacar algo de provecho, incluso en las situaciones más adversas. Es muy favorable tener claro el destino final, hacia dónde quieren encaminarse y a dónde quieren llegar. Fíjense metas en sus vidas. Consigan lo que se propongan.
Otra actitud positiva para propiciar su propia buena suerte es autoconvencerse y tener la certeza de que uno es actor y director a la vez en su propia película. Ustedes crean cada una de las escenas que aparecen en ella. No son las circunstancias las que les hacen ser como son, es la propia vivencia de las mismas la que dictamina cómo son. Mi admirado Eduard Punset siempre dice que el auténtico secreto es ser el propio dueño de nuestras vidas. Inviertan todo el tiempo necesario en dirigir sus pasos; pensar que las circunstancias nos llevan por donde quieren, cual barco de vela a merced del viento, no es más que una pérdida estéril de tiempo y energía. Si quieren tener suerte, genérenla y saquen rédito de ella. Naturalmente no generarán éxito de manera inmediata, pero con una actitud proactiva y positiva dispondrán de mayor capacidad para poder disfrutar de lo bueno de la vida y aprender de lo malo. Lo apuntaba Jacinto Benavente cuando afirmaba que muchos creen que tener talento es una suerte; nadie que la suerte pueda ser cuestión de tener talento. Inviertan en este talento, sale muy rentable.