Acaba de cumplir cien días, un aniversario más mediático que formal, y todavía ayer, mientras la mayoría de sus concejales había echado al cierre a sus despachos por vacaciones navideñas, la alcaldesa de Alicante aún acudía a un acto oficial: la inauguración de Exponadal, en IFA, más allá de su término municipal. En declaraciones a este diario, que ya recordó el citado aniversario en la edición de ayer, Sonia Castedo hacía un repaso de sus primeros cien días al frente del Ayuntamiento de Alicante.
Reconoce que el momento más duro fue el encuentro mantenido en su despacho de la Alcaldía con altos ejecutivos de la empresa Altadis. «Fueron ellos quienes me pidieron una reunión a raíz de la manifestación (que ella misma encabezó) y de las protestas que se sucedieron tanto en la calle como en las instituciones», recuerda la primera edil. «Sin embargo, fue imposible avanzar porque eran como un muro, apenas empezamos la reunión y ya me anunciaron que el cierre de la fábrica de Alicante era irreversible, innegociable», se lamenta todavía.
La alcaldesa confiaba en haber logrado, al menos, abrir una negociación, pero no fue posible. «Ellos (los ejecutivos de la multinacional) no se dan cuenta de la trascendencia que la Fábrica de Tabacos tiene para Alicante, lo que significa cada puesto de trabajo y su pérdida, un drama personal detrás de cada despido».
«Mucho cariño»
Castedo asegura estar «muy contenta» tras este primer periodo en la Alcaldía. «La gente de la calle me ha acogido con mucho cariño, aunque también con expectativas». Sobre su frenética agenda diaria (llega al despacho poco después de las nueve y es habitual verla salir del garaje municipal a media tarde), la primera edil reconoce que «me ha gustado siempre implicarme en todo lo que hago, ya sean las fiestas o los barrios, y es ahí donde veo que la gente me ha acogido muy bien, aunque creo que todavía no me han juzgado».
Este ritmo de trabajo, que ni siquiera sus concejales de gobierno pueden seguir (algunos porque no quieren), le está suponiendo un sacrificio personal: «Va en el cargo y en el sueldo, sabía lo que era y estoy aquí porque quiero, nadie me ha obligado», añade, aunque lamenta, sobre todo, no poder compartir más tiempo con su hija Antía. Ayer precisamente, aprovechando su presencia en la inauguración de Exponadal, se la llevó y recorrió con ella las atracciones instaladas en los pabellones de la Institución Ferial Alicantina (IFA).
Sabe que su participación en la manifestación de Altadis fue un golpe de efecto, sólo siete días después de haber tomado posesión: «Es mi obligación estar al lado de los trabajadores, aunque es una pena la escasa capacidad y competencias que tiene un ayuntamiento ante problemas como éstos, apenas podemos hacer nada», explica.
Actos singulares
Si la reunión con Altadis fue, probablemente, el momento más duro de su inicio de mandado, el más emotivo fue su toma de posesión como alcaldesa, aquel 17 de septiembre. Todo ocurrió muy deprisa: el anuncio de Luis Díaz Alperi de su adiós, la toma de posesión propiamente dicha... «Todo fue muy emotivo, aunque el Pleno fue muy especial».
Sin embargo, la primera edil incorpora otra acontecimiento como singular durante sus primeros cien días. No se refiere, por ejemplo, a la mediática salida de la Volvo Ocean Race, sino «al acto en el que estuvo pintando con niños discapacitados (de la asociación Alinur) en la Universidad de Alicante». Tal fue su compromiso que les prometió volver para la fiesta que organizan antes de las vacaciones de Navidad, y así hizo. El pasado día 19 se presentó en el centro para compartir un par de horas con estos chavales.