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Medio centenar de enfermos mentales sigue el programa para encontrar un empleo pero las ofertas se han reducido de las 20 del año pasado a las 14 actuales

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Afema acusa la crisis económica en su servicio de inserción laboral
ORIENTACIÓN. Un usuario en el centro junto al coordinador y la trabajadora social. / U. ARACIL
Encontrar un empleo es una tarea difícil que se convierte en muy complicada si la persona tiene alguna dificultad añadida. En el caso de quienes sufren una enfermedad mental, se convierte en un objetivo y en un forma de darle a una vida complicada visos de normalidad. Pero lograrlo por sí mismo es muy difícil.
Desde el año 2003, la Asociación de Familiares y Enfermos Mentales de Alicante (Afema) tiene en marcha un servicio de integración laboral, que denomina Sil, por el que hasta ahora han pasado 150 personas y gracias al cual 8 tienen un contrato indefinido. Personas que sufren una enfermedad mental aprenden a centrar sus objetivos, a buscar el empleo que más se ajusta a ellos y a presentarse a una entrevista de trabajo.
Este servicio, que al año atiende una media de 50 personas, ha notado la situación de crisis y encuentra ahora más dificultades para que sus demandantes encuentren un trabajo.
El trabajador social y coordinador del servicio, Vicente Maroto, explica que la inserción laboral de personas con una enfermedad mental era una carencia en la sociedad y, de hecho, afirma que el suyo es el único recurso que hay en la provincia. Los compara con los que tienen los discapacitados intelectuales por ser más habituales.
El servicio de inserción laboral para quienes sufren una enfermedad mental ayuda a buscar un empleo y hace un seguimiento de la persona organizando esa búsqueda y apoyándole. Les orienta para efectuar la formación específica que necesitan, a través del Servef u otros recursos, aunque los abandonos son habituales.
Incorporaciones
El año pasado se incorporaron 23 personas nuevas al Sil, que atendió a 45. De ellas, 14 abandonaron el servicio, y otras 12 efectuaron prácticas y 28 siguieron algún curso de formación. Durante el 2007 lograron un trabajo 23 personas. De ellas, dos no superaron el periodo de prueba, una fue despedida y cinco pidieron la baja voluntaria.
Los martes, el Sil lleva a cabo un grupo de trabajo para orientar en la búsqueda de empleo. En él está Fernando, que se ha propuesto trabajar como operario de almacén y confía en que vuelvan a contratarle en la empresa heladera donde trabajó el año pasado; Carlos, que busca un trabajo de electricista o en la construcción; o Esteban, que ha sido dependiente, jardinero, limpiador y repartidor de publicidad y que confiesa que «cuando trabajo me siento mejor que cuando estoy inactivo».
La mayoría de usuarios han trabajado antes. Y es complicado porque la enfermedad se suele manifestar en la adolescencia rompiendo la formación de la persona y su posibilidad de integración a un empleo. «Para integrarse en el mundo laboral hacen un esfuerzo muy importante», cuenta Maroto. Este año con la crisis económica, los problemas para encontrar un empleo se agravan y en el Sil ya han notado la bajada de ofertas que son menos respecto a otros años. Por el momento, han recibido 14 ofertas frente a las 23 que tenían el año pasado y las 18 recibidas el anterior. Y creen que se agravará el año que viene.
Los trabajos que suelen obtener son de baja cualificación y destacan los de reponedor, conserje, peón o recepcionista. El responsable del Sil anima a los empresarios a contratar a sus usuarios porque «para una empresa es importante el márketing social y puede ser una fuente de empleados además de que recibe ayudas».
La mayoría de usuarios sufren esquizofrenia o un trastorno bipolar, tienen entre 16 y 50 años, y para acceder a este servicio deben de encontrarse estables y realizar un seguimiento psiquiátrico. Son autónomos, cuidan su higiene y su salud, saben resolver problemas y se manejan sin problemas con el transporte público.
El servicio efectúa una intermediación con las empresas en las que trabajan y hace el seguimiento de los que están trabajando en ellas para que mantengan su empleo y para recomendar también las condiciones más adecuadas para ellos. La entidad tiene firmados entono a una docena de convenios por los que sus usuarios consiguen empleos, la mayoría de prácticas y temporales.
Uno de los que destaca como más ventajoso es el que tienen firmado con el Patronato Municipal de Cultura, que es de los pocos que se compromete a efectuar contratación de personal y también con la Universidad. «El resto son prácticas, pero son una buena forma de acceder a la empresa», señala el responsable del Sil, que elogia que la mayoría de los enfermos mentales que acceden a un empleo suelen mantenerlo y preocuparse por seguir en él.
Reconoce que muchos empresarios tienen un rechazo, puesto que desconocen cómo se comportará el trabajador y admite que a veces preguntan si la persona puede llegar a ser peligrosa. «Nunca hemos tenido ninguna situación de peligro. La discapacidad intelectual es más visible y hace tiempo que no se oculta; las enfermedades mentales tienen una etiqueta y las familias los ocultan», apunta.
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