La incapacidad de concebir es un problema relativamente frecuente que afecta aproximadamente al 20% de parejas que, tras mantener relaciones sexuales durante un año sin ningún método anticonceptivo, no consiguen concebir un hijo. Son muchas las causas que pueden originar infertilidad; entre ellas, variables de tipo médico como ciertas anomalías orgánicas en el aparato reproductor, deficiencias hormonales y otras variables de tipo social que acaban incidiendo sobre la capacidad de concebir tales como el estrés asociado al ritmo de vida actual o el retraso en la decisión de tener descendencia. Actualmente el problema de la infertilidad está adquiriendo cada vez más presencia debido, por un lado, a los grandes avances científicos que se han ido produciendo durante los últimos años en el campo de la reproducción asistida, así como las variables sociológicas anteriormente mencionadas que provocan el retraso en la edad de procrear en la mujer así como el creciente y alarmante descenso en la calidad del semen en los hombres de nuestro país.
Desde el punto de vista psicológico, un diagnóstico de infertilidad constituye sin duda alguna una crisis vital importante y tiene un gran impacto sobre la vida de pareja. La crisis normalmente viene asociada a la creencia existente en todos nosotros de que la procreación es un hecho natural en el ser humano, donde uno sólo decide voluntariamente en qué momento de su vida va a tomar dicha decisión. La sorpresa de saber que no va a ser posible por métodos naturales sume a la persona en una gran frustración al no poder ver cumplido su deseo (y obviamente el de su pareja) a la hora de poder tener hijos y esta sensación de fracaso suele acompañarse de una sintomatología psicológica asociada a la infertilidad. Tras el impacto de la noticia la persona suele entrar en un estado de shock que le aleja de la realidad e incluso le empuja a negarla en un principio. No es infrecuente en estos casos que se acuda a otro profesional que corrobore o desmienta el diagnóstico pues uno no acaba de creer que eso le pueda estar ocurriendo a él. Tras la confirmación definitiva, se suele pasar por una fase en que hay una profunda preocupación por el tema y el embarazo llega casi a convertirse en una obsesión. La pareja se ve afectada y es en ella donde suele proyectarse la rabia, pareciendo el sentimiento de incomprensión y favoreciendo el aislamiento y la falta de comunicación con el otro. Es fundamental en este momento recibir todo el apoyo y comprensión del cónyuge para poder salir adelante y superar esta fase inicial que puede acabar sumiendo a la persona en una profunda pena y tristeza.
El cóctel de emociones asociadas a la infertilidad no suele acabarse aquí, sino que sigue manifestándose, en ciertas ocasiones, en forma de enojo y preocupación constantes así como una gran rabia y envidia por quienes sí pueden concebir hijos de manera natural. Algunos de mis pacientes me han llegado a comentar que dejaron de tener vida social tras saber que no podían tener hijos porque no podían soportar salir con sus amigos y sus hijos respectivos. El dolor de ver una situación familiar que posiblemente ellos no podrían conseguir nunca les provocaba una enorme sensación de malestar y optaron por evitar ese tipo de situaciones que en otro momento les provocaba tanta satisfacción. La pareja empieza a dejar de hacer cosas que antes le gustaba y esta falta de actividad social y de ocio tiene sin duda alguna su colección de efectos perniciosos para la estabilidad del vínculo. Hay quien también acaba aislándose de los demás por el miedo y la vergüenza a que sepan que no pueden tener hijos.
Así pues, los problemas sexuales, las culpabilizaciones, el estrés, el aislamiento social, la envidia, la frustración, la rabia y la falta de comunicación son algunos de los posibles efectos psicológicos que la infertilidad puede tener sobre la pareja. El apoyo psicológico en estos casos puede ayudar a mejorar la dinámica de pareja tanto en el estado de shock inicial tras el diagnóstico como en el proceso de fertilidad posterior. Evidentemente, la paternidad no es la única finalidad de la pareja, pero quienes los desean y no los pueden tener estarían de acuerdo con las palabras de Victor Hugo cuando afirmaba que una casa sin hijos es una colmena sin abejas.
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Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.