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19.11.08 -

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Con esta pregunta recibía Viktor Frankl, eminente psicoterapeuta austríaco, a los pacientes desesperados que acudían a su consulta. Tras las palabras que rellenan los interrogantes no había otra intención que la de despertar otra gran cuestión en quienes acudían a él: ¿cuál es el sentido de su vida? Y así, en la mayoría de ocasiones, la gente siempre encontraba motivos por los que seguir viviendo, aún cuando la desesperación se apoderaba de quien creía no tener ninguna razón por la cual seguir haciéndolo. Partiendo de este punto, empieza la búsqueda del sentido de la vida y del camino a la felicidad. Encontrarlo constituye la base de la Logoterapia, método desarrollado por Frankl a partir del cual el paciente descubre la importancia y el valor de la vida a través de la pericia interrogatoria e insistente de su terapeuta. Puede que existan varios motivos por los que una persona decida poner fin a su vida pero estoy absolutamente convencida de que se hace necesaria la existencia de solo uno para que decida seguir viviendo.
Basta un factor desencadenante, normalmente alguna experiencia vital desagradable, la falta de recursos internos para afrontar las dificultades y una ausencia de figuras de apoyo emocional para propiciar una actitud catastrofista y de indefensión: uno puede sufrir un fracaso amoroso que le marque emocionalmente; si a esto le sumamos factores de inseguridad personal y una falta de recursos psicológicos para superar las situaciones adversas así como la presencia de ciertas distorsiones cognitivas que focalizan toda la atención en lo malo en vez de valorar el resto de áreas vitales que puedan estar funcionando, el individuo no tolera seguir llevando adelante su día a día. La falta de personas importantes y significativas en quien poder apoyarse en esos momentos y la presencia de todos los factores anteriores le lleva irremediablemente al camino de la desesperación cuya única salida inmediata es el cese del sufrimiento sin hacerle frente: uno quiere dejar de sufrir desapareciendo del mapa.
Frankl desarrolló la logoterapia como modalidad psicoterapéutica que propone la voluntad del sentido. El concepto alude a la importancia de encontrarle sentido a todas y cada una de las situaciones vitales que nos obligan a enfrentarnos con nosotros mismos. Si no encontramos el sentido es probable que caigamos en una de las peores experiencias vitales: la del vacío existencial. De este modo, la búsqueda fundamental de todo ser humano debería estar encaminada a la búsqueda de ese sentido vital que nos conduce a la felicidad y a la agradable sensación de plenitud existencial.
Hay tres conceptos fundamentales para el desarrollo de la Logoterapia: la libertad de voluntad, según la cual cada uno de nosotros es capaz de tomar sus propias decisiones por lo que somos libres de escoger y construir nuestro propio destino (para no acabar siendo barcos de vela a la deriva y a la merced del viento); la voluntad del sentido, según la cual nuestra ocupación primera y principal no es otra que la búsqueda y la realización del sentido (evitando la aparición de vacío existencial) y, por último, el sentido de la vida, ya que Frankl consideraba que sin sentido la existencia no se vive plenamente y la vida no existe sanamente (la Logoterapia es, en el fondo, una percepción positiva del mundo).
No es fácil encontrar el sentido a nuestra vidas, no es algo que pueda resolverse en una tarde pero posiblemente sea un buen ejercicio saber que está ahí, que hay algo que hace que tras dormir cada noche volvamos a poner un pie en el suelo a la mañana siguiente y estemos dispuestos a hacer frente a todo lo que pueda acontecer durante el día y a disfrutar de cada uno de los momentos maravillosos e irrepetibles que, a pesar de la cotidianidad, no dejan de suceder. No en vano fue el mismo Frankl quien dijo en una ocasión que el hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida.
www.soniacervantes.com
Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.
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