Desde el punto de vista psicológico, los conceptos de temperamento, personalidad y carácter ponen de manifiesto que somos la suma de un conjunto de factores, donde el peso de cada uno determina el resultado de lo que nos define como individuo. El temperamento hace referencia a la base biológica del carácter, por lo que nacemos con él y ya está determinado de antemano. Se explica por la confluencia de factores genéticos y fisiológicos que inciden sobre nuestra conducta. El carácter es la tendencia comportamental del individuo, es el rasgo que da estabilidad a nuestra personalidad y en él confluyen variables de tipo social ya que se va formando a través de las experiencias vividas por cada uno de nosotros, desarrollando factores individuales que caracterizan nuestro particular modo de reacción y afrontamiento ante la vida. Por último, la personalidad es el conjunto de pautas de pensamiento, percepción y conducta relativamente estables que definen nuestro particular modo de ser y estar. Es un constructo psicológico formado a partir de las bases biológicas que heredamos y presentamos al nacer y la influencia de las variables educacionales. Es la unión de nuestros rasgos fisiológicos, sociales y genéticos que determinan a una persona y la hacen única. No es un concepto estático a lo largo del tiempo por lo que la personalidad suele ser dinámica, según palabras del psicólogo Gordon Allport, se define la personalidad como la organización dinámica de los sistemas psicofísicos que determina una forma de pensar y de actuar, única en cada sujeto en su proceso de adaptación al medio.
Así pues, en cuanto a lo psicológico, somos estáticos y dinámicos al mismo tiempo. Nuestro temperamento nos definirá como personas con genio o con pronto que suelen decir, el carácter hará que vayamos moldeando esas peculiaridades biológicas en continua influencia con el ambiente y nuestra personalidad será el conjunto de todo ello. Siempre hay un margen de actuación que está en nuestras manos, donde la motivación por el cambio y la mejora juega un papel fundamental para poder neutralizar aquellos defectos que vienen de fábrica; si no fuera así, profesiones como la mía no tendrían razón de ser pues la modificación de conducta, entre otras cosas, sería una simple quimera en un mundo donde los individuos carecen de plasticidad y posibilidad de cambio. El ser humano sería algo estático y rígido, determinado en el mismo momento de su nacimiento.
Acepten que tienen rasgos definidos por la herencia de sus genes, difícilmente modificables, pero pongan todo su empeño en aprender de lo vivido fruto del intercambio con su ambiente. Tengan en cuenta que a la hora de definir el ser humano todo reduccionismo limita enormemente la comprensión de nuestra maravillosa complejidad. No olviden, como dijo Gabriel García Márquez, que los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
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Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.








