
Minutos antes de que el regidor fuera trasladado desde su casa, donde se realizó el primer registro, hasta el Ayuntamiento, una mujer explicaba a los guardias civiles apostados a las puertas del Consistorio que José Joaquín Moya «es el mejor de todos los que hay en este pueblo».
Poco a poco, numerosos incondicionales del alcalde bigastrense se apostaron debajo de la ventana de su despacho, donde se realizaba el segundo de los registros. Muchos de ellos eran caras habituales en los plenos, y lanzaban gritos como «viva el Moya» y jaleaban al veterano socialista. La chiquillería, una vez salió del colegio, no dejó pasar la oportunidad de ver a numerosos hombres uniformados en las puertas de su Consistorio.
Pese al mal tiempo, un centenar de personas se arremolinaron en corrillos en la Plaza de la Constitución. Incluso lanzaron algún improperio a los periodistas que, desde que saltó la noticia, se congregaron en las puertas del Ayuntamiento para conocer los detalles de la detención del alcalde socialista de Bigastro, y no sólo arremetieron contra la prensa, sino también contra los concejales del Partido Popular que intentaban hacer declaraciones respecto al tema a pesar de los insultos lanzados por algunos, quienes les culpaban a ellos de la detención del alcalde. No faltaron ni megáfonos con los que alguna vecina decidió salir a la calle para que se escuchara bien todo lo que quería decir en favor de José Joaquín Moya.
Los vecinos empezaron a llegar a la Plaza sobre las cuatro de la tarde, cuando se inició el registro, pero poco a poco empezaron a abundar. La expectación en torno a la figura del primer edil fue creciendo conforme oscurecía, ya que la ausencia de luz en la plaza permitía ver los movimientos que se realizaban en el despacho de la primera planta donde se realizó el registro, concretamente el correspondiente a la Alcaldía.








