Todo síndrome está asociado a la presencia de varios síntomas. En el caso que nos ocupa, éstos se pueden resumir en irritabilidad, tristeza, apatía, cansancio, ansiedad, dificultades relacionadas con la conciliación y mantenimiento del sueño, trastornos en el apetito, problemas de concentración, etcétera. La sintomatología física no es más que el producto de la somatización de un malestar psicológico, que en este caso es debido a un proceso de adaptación que cursa con dificultades. Son síntomas que remiten en pocos días, con un máximo de duración de dos a tres semanas en los casos de mayor dificultad de adaptación. Es un malestar genérico derivado de la incapacitación de la persona para adaptarse de nuevo a la rutina de los horarios y del trabajo tras un periodo de vacaciones e inactividad laboral.
Como casi todo en esta vida tiene remedio, no estaría de más adoptar ciertas medidas para minimizar los efectos del temido síndrome: es recomendable fraccionar el período de vacaciones. Si existe la posibilidad de coger sólo quince días y dejar los siguientes para más adelante, evitaremos la saturación y propiciaremos la sensación de tener pendiente siempre un período vacacional a lo largo del año. Otra recomendación consiste en adaptarse gradualmente a la rutina, por lo que es preferible no apurar hasta el último día y regresar unos días antes para adaptarnos paulatinamente al día a día. Esta vuelta progresiva evitará que la reincorporación sea tan brusca. Tampoco estaría de más incorporar ciertos placeres a la vida cotidiana como salir a cenar de vez en cuando, programar escapadas los fines de semana, quedar con los amigos, etcétera. Hay expertos que recomiendan no volver al trabajo un lunes, cambiando la vuelta a cualquier otro día de la semana para que el impacto de la reincorporación sea menor. También es cierto que, siendo consciente de la presencia del síndrome, debemos tener en cuenta que nuestro rendimiento estará por debajo de nuestro potencial los primeros días e irá incrementando a medida que pasen las jornadas, recuperando en cuestión de pocos días nuestro ritmo habitual.
Este año, la particularidad del síndrome va asociada a la presencia de otra crisis: la económica, de manera que aquellas personas que se vean afectadas por ambas a la vez tendrán más dificultades de superar los síntomas mencionados. También es cierto que la crisis económica ha propiciado la reducción del período estival de muchos españoles y la correspondiente apretada de los cinturones por lo que habrá ciertas personas que habrán subsanado los efectos de la vuelta a la rutina con las medidas de reducción tomadas previamente. Lo malo es que se haya tenido la sensación de que esta reducción en cantidad y calidad no haya resultado suficiente para reducir las tensiones acumuladas durante todo el año.
De modo que acepten la situación si sufren el síndrome teniendo en cuenta que se trata de un estado situacional que remitirá en cuestión de días. Siento decirles que para la otra crisis una no tiene soluciones tan fáciles y lo único que me cabe esperar, como todos ustedes, es que no se alargue demasiado en el tiempo y siga las predicciones de recuperación. Sea como sea, tómenselo siempre todo con optimismo, ya que, como dice el filósofo español Eugenio Trias, en esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra.
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Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.








