Nada más coger el micrófono quiso dejar claro que él es un hombre de letras, estudió Derecho. Por eso pidió ayuda a Manuel Cervera, de Ciencias, para desenmascarar las cifras. En primer lugar reconoció no haberse familiarizado aún con el euro y quiso transformar los 54 millones de euros de inversión para el futuro centro en una moneda de la que nos despedimos definitivamente hace seis años. «¿Cuánto es en pesetas?, preguntó». «Son 9.000 millones de pesetas», le apuntó el conseller.
De nuevo volvió a la carga. «Y los 146 millones de equipamiento ¿cuánto suma en pesetas?», requirió a la sala. Alguien contestó, pero el baile de números no acabó ahí. También hubo que hacer las cuentas del cómputo global. Una vez los miles de millones de pesetas clarificados, el presidente, ante el revuelo que había provocado su lección matemática, argumentó que el ejercicio económico no tenía otro fin que «demostrar el esfuerzo inversor que estamos haciendo, el esfuerzo económico que está realizando la ciudadanía».
Ni ciencias ni letras. Camps tampoco acertó con el sujeto. No cayó en el detalle de que, de momento, los cuartos los está soltando la empresa Ribera Salud, precisamente para ello se aprobó para el nuevo hospital la gestión privada, aunque la Conselleria de Sanidad sea a la fin y a la postre la pagana, o sea, los ciudadanos.









