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Asaja y Unió Coag aseguran que la superficie plantada se ha reducido a la mitad en los últimos años Denuncian que las soluciones llegan «con parches» puntuales y que no les permiten planificar las cosechas

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La sequía y la baja rentabilidad disparan el abandono de cultivos en la Vega Baja
YERMO. Imagen de un terreno de Elche en el que han decidido no plantar nada. En pequeño, arriba, cultivo de granadas. / G. M.
La lucha contra la escasez de agua y los bajos precios que algunos productos agrícolas alcanzan en el mercado están llevando a muchos agricultores de la provincia a tirar la toalla. Los más afectados son los cultivos de la comarca de la Vega Baja, que en los últimos años, según las organizaciones agrarias, se han reducido entre un 50% y un 70%.

Algunos, directamente, han abandonado sus campos. Otros han reducido la superficie cultivada a la mitad, ante la imposibilidad de hacer una planificación seria de las cosechas.

Tras una primavera muy lluviosa, el verano del 2008 ha sido seco, y en el sur de la provincia ni siquiera han registrado las tormentas habituales por estas fechas. En estos momentos, los pantanos de la Confederación Hidrográfica del Júcar se encuentran apenas al 23% de su capacidad y los del Segura están aún peor, al 18%.

Así las cosas, los agricultores han «paralizado» la plantación de los productos de temporada, desde los pimientos y tomates hasta las alcachofas, brócoli, lechuga y patatas, según explica Eladio Aniorte, de Ava- Asaja.

«En la Vega Baja están regando en estos momentos el 40 o 30% de las tierras, las que ya tienen algo plantado, porque no tienen agua suficiente para iniciar nuevas plantaciones», refiere Aniorte.

Agua, pero a medias

Ante el déficit hídrico, la Confederación Hidrográfica del Segura, «garantizaba que habría agua hasta mediados de junio, no más», explica Juan Pastor, de Unió Coag. Por suerte, en primavera llovió bastante y esta circunstancia, junto a «la llegada de cinco hectómetros cúbicos del Segura y la utilización de otros cinco de los pozos de sequía, ha permitido mantener las cosechas plantadas», añade Pastor.

Sin embargo, para mantener los campos en su estado actual y poder plantearse la plantación de nuevas cosechas de recolección invernal, «harían falta el doble de hectómetros cúbicos, unos 20», calcula el representante de Unió Coag.

Los agricultores se quejan de la imposibilidad de planificar sus cosechas, ya que las soluciones al déficit hídrico «llegan como parches, sin que nadie nos asegure que el agua que tenemos hoy la tendremos también mañana», dice Pastor.

Esto, unido a la escasa rentabilidad de los cultivos en el mercado, debida fundamentalmente a la fuerte competencia de otras regiones y países, hace que a los agricultores les dé miedo invertir en nuevas cosechas, realizar un gran desembolso, sin saber si luego podrán regarlas ni si les podrán dar salida.

«En la Vega Baja había alfalfa, algodón, melones y sandías y ahora ya no hay nada de eso, sólo quedan productos hortícolas, porque los agricultores se ven obligados a aprovechar los huecos que les deja la competencia», dice Pastor.

«Hay un déficit de unos 400 hectómetros cúbicos y en los cultivos de localidades como Catral o Callosa no han regado las tierras con agua de río desde hace cinco años, una situación que no se puede mantener mucho tiempo», dice Aniorte. «Las soluciones que plantean los políticos no nos llevan a ningún sitio más que al abandono total de los campos», expresa Aniorte. Con ello se refiere al empleo de agua depurada o desalinizada.

En el campo de Elche, la situación es similar, aunque algunos cultivos sobreviven gracias al agua procedente de la depuradora.

Respecto a la desalinizada, Asaja y Unió no se ponen de acuerdo en cuanto a su calidad. Para Aniorte, «no vale para regar, y hay que mezclarla». Pastor, por su parte, considera que «es apta».

En lo que sí se ponen de acuerdo es en que su precio, que se sitúa entre 60 céntimos y un euro por metro cúbico, es «inalcanzable» para los agricultores.

«Si están pagando el brócoli y la alcachofa a 30 céntimos, a ver quién puede pagar esa barbaridad por el riego», dice Aniorte.

«A los agricultores nos han quitado el agua para dársela al turismo y al crecimiento urbano, así que ahora lo mínimo que podrían hacer es dejarnos la desalinizada más barata, porque si no, no podemos acceder a ella», reflexiona Pastor.

Ambas organizaciones agrarias consideran que las desalinizadoras son una buena medida, pero para el consumo humano. «Está bien que la saquen del mar para su uso en los hogares, pero nosotros necesitamos que nos traigan el agua de río», indica Aniorte.

No obstante, hay cultivos, como los limones o la granada, de los que se esperan muy buenas cosechas este año. «Creemos que este año la producción será mucho mayor que la del pasado y que el precio en el mercado se mantendrá aceptable, con un corte de 40 céntimos de euro», explica Aniorte.

También los cultivos del interior norte, como la uva de mesa del Vinalopó, viven un buen momento, gracias a la concentración de la oferta que les permite controlar el precio y seguir plantando.
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