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30.07.08 -

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Suele uno acordarse nostálgicamente del pasado cuando se acercan fechas significativas o señaladas en el calendario. En mi caso particular para estas fechas no puedo evitar recordar esos días de playa y piscina intensivos en mi querida costa catalana, los balones de plástico que nos lanzaban desde las avionetas, la ensaladilla rusa de mi madre, las jarras repletas de Tang en el frigorífico, el cuaderno Santillana y la sintonía de Verano Azul retumbando en los televisores de todas las casas. Me van a permitir que me tome cuatro semanitas de descanso hasta que vuelva a reencontrarme con todos ustedes el próximo mes de septiembre, cuando retomaremos todos aquellos temas de interés psicológico relacionados con la clínica, el mundo de la pareja y la sexualidad.

Las vacaciones son sin duda época de emociones generalmente positivas en las que cada uno de nosotros intenta relajarse y divertirse al máximo tras haber pasado once meses trabajando sin apenas descanso. Es por eso que, a pesar del calor y de los efectos negativos que puede tener sobre nuestro estado psicológico, la gente suele estar más contenta que en otra época del año. Este estado de relajación y apertura hacia el mundo propicia en muchas ocasiones el nacimiento de nuevas relaciones amorosas, el reencuentro con viejas aficiones olvidadas durante el resto del año, el incremento de actividades al aire libre, etc. También es cierto que las vacaciones pueden llegar a ser un auténtico problema y quebradero de cabeza para aquellas personas que se encuentren solas sin personas con quien compartir estos días de descanso o bien para aquellas parejas que han ido soportándose más o menos bien durante los once meses precedentes pero que deciden separarse justo al fin del verano porque tanto tiempo juntos no ha hecho más que dificultar las cosas o bien para aquellas familias ya desestructuradas donde hay que hacer auténtico puzzle de fechas para repartir los niños. Una de los problemas que surgen en esta época para muchas parejas lo constituyen sin duda los amores de verano.

Ya hemos hablado en varias ocasiones de amor, enamoramiento y relaciones. Con estas temperaturas y los niveles de testosterona en sangre aumentados por las horas de luz solar, no es nada extraño que se produzca este tipo de fenómeno que es fuente de problemas para muchas parejas. Es época de relajarse, como comentábamos antes, hasta tal punto que muchas personas incluso se dan permiso para poder embarcarse en una aventura si las circunstancias lo favorecen, siendo el verano una época idónea para tales efectos.

Se hace necesaria una serie de variables para que podamos denominar aventura a este tipo de fenómeno: en primer lugar, hace falta que ambas partes tengan una relación o compromiso que no deseen cuestionarse. En segundo lugar, la variable propiciatoria para tal encuentro es que los dos se encuentren provisionalmente sin su pareja (normalmente porque no coinciden los días de vacaciones y mientras uno ya descansa el otro todavía está trabajando). En tercer y último lugar, debe producirse un mínimo de atracción (normalmente físico-sexual) para una aventura limitada al tiempo y al lugar en que se encuentran. Como podrán comprobar no es fácil que estas tres condiciones coincidan y puedan darse fácilmente en personas que conviven durante el resto del año, es por eso que el verano (debido a la incompatibilidad vacacional o cuestiones de organización familiar) facilita la aparición de estas relaciones alternativas que tienen fecha de caducidad.

La pregunta que suelen hacerse las parejas que han pasado por esto es por qué se produjo. Intentan entender qué les ha llevado a buscar una relación alternativa con una duración limitada en el tiempo. La respuesta en la mayoría de los casos es una palabra clave: rutina. Muchas de las personas que se han permitido tener una aventura reconocen que necesitaban una inyección de nuevas sensaciones que les hicieran sentir vivos y deseados de nuevo. Es tal la necesidad de volver a pasar por estas emociones que incluso se asume el riesgo que comporta una infidelidad. Es por eso que, por muy paradójico que parezca, en muchos casos la aventura amorosa constituye un auténtico clarificador para ciertas parejas que, tras analizar las razones que les han llevado a pasar por tal situación, se dan cuenta de que su relación de pareja necesita una reparación urgente y que han confundido estabilidad con monotonía. Así que ya saben, si quieren evitar pasar por el trago de la aventura de pareja, aventúrense a dinamizar la relación y hagan de este verano una auténtica aventura en su relación. Si quieren conservar su pareja no se dejen llevar por locuras porque, como decía Gilbert Keith Chesterton, la aventura podrá ser loca, pero el aventurero debe ser cuerdo. Que pasen un feliz verano.

www.soniacervantes.com

Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.
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