Este tipo de bodas suele darse en parejas de larga trayectoria: muchos años de noviazgo con un inicio precoz, siendo ambos demasiado jóvenes. Esta circunstancia provoca cierta presión familiar a la hora de contraer matrimonio, dando por hecho que después de tantos años sólo queda pasar por la vicaría. Incluso en el caso en que a alguno de ellos o a los dos a la vez les asalten dudas sobre la decisión, concluyen que es mucho menos traumático para todos seguir adelante con lo esperado por todos que romper los planes.
La verdad es que parece curioso, cuanto menos, que a pesar de todo ello sigan adelante con una boda que, lejos de constituir la declaración social y pública de su amor, se convierta en una mera representación o un trámite a seguir. Las razones que les llevan a actuar de este modo son fácilmente comprensibles en el seno de una sociedad mucho más permisiva con la figura del separado o el divorciado que de la persona que, tras largos los de convivencia o noviazgo, decida echarse atrás justo antes de contraer matrimonio. Es más normal separarse a los tres meses que anular la boda un mes antes. Se ven inmersos en la inercia social que les rodea y siguen adelante a pesar de saber conscientemente que a los pocos meses decidirán separarse.
No es una buena manera de afrontar los problemas de la pareja. Para ellos es mucho más costoso a nivel psicológico la anulación de la boda que el anuncio posterior de separación. Están aplicando un esquema resolutivo erróneo. Lo lógico en estos casos sería aplicar el principio de poner solución a un problema según el cual la pareja se da cuenta de que tiene dificultades porque a pesar de los planes ya no desean casarse y lo resuelven anulando la boda y rompiendo el compromiso para evitar las consecuencias de una boda no deseada. En cambio, en este caso que hoy nos ocupa, la solución parece estar focalizada en el hecho de evitar los costes que significaría romper el compromiso y lo único que hace es demorar la solución para más adelante, con boda parche de por medio. Consideran prioritario evitar el sufrimiento ajeno (normalmente de los padres y familiares más cercanos).
Obviamente, no todas las bodas que se producen vienen precedidas por toda la temática anterior, aunque algunas de ellas acaban siendo más un escaparate y una demora en la solución a un problema. De modo que hay matrimonios que ya no son felices ni el mismo día que intercambian alianzas. A ver si el famoso cómico norteamericano Jerry Lewis tenía razón cuando afirmaba que seguramente existen muchas razones para los divorcios, pero la principal es y será la boda.
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Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.








