
Minutos después, llegaba Ripoll, acompañado por apenas unos pocos asesores de Diputación. Nadie recaló en que es la primera autoridad de la provincia. Para entonces, ya habían accedido al recinto la delegación socialista y la de los sindicatos. La primera, capitaneada por el alcalde de Elche, Alejandro Soler, y por Antonio Amorós y los diputados Erik Campos y Guillermo Bernabéu.
Los agentes sociales contaron con Rafael Recuenco y Óscar Llopis, de UGT, y José de la Casa, de Comisiones Obreras, entre otros.
El presidente de la CAM, Vicente Sala, hizo las veces de portavoz de los premiados. El galardonado con la medalla de oro y brillantes de la Cámara dijo sentirse orgulloso de ser presidente de la CAM desde hace diez años, periodo en el que, según él, la entidad ha crecido 5,4 veces en volumen de negocio y ha abierto 480 oficinas. Agradeció a su mujer y a sus hijos por haber podido situar a su empresa familiar en una dimensión internacional con presencia en once países.
Piropeó a la Cámara y dijo que sin ella no se habrían alcanzado los niveles económicos actuales en la provincia.
Al alcalde de Alicante, Luis Díaz Alperi, no se le vio en el evento, aunque sí al ex presidente de la Diputación, Julio de España, y a la ex consellera Gema Amor.
En un lugar privilegiado del comedor estuvieron el secretario regional del PP, Ricardo Costa, y su prometida, la concejal alicantina Laura Chorro.
También acudieron los rectores de las universidades de Alicante y Elche, Jiménez Raneda y Rodríguez Marín.
De maestro de ceremonias ejerció por vez primera el vicepresidente primero de la Cámara, José Enrique Garrigós. El turronero, que se mostró algo nervioso al principio, salió al final airoso del trámite.
De la 'terreta'
La cena fue servida por el catering de El Maestral e incluyó productos de la tierra, como el foie con verduras de la huerta, colpet de tonyina amb cireres de la muntanya, maigmó de coco y vinos de la tierra, entre ellos el Azal de Casa Sicilia, propiedad de Joaquín Arias, propietario, a su vez, de El Maestral.
Los invitados agradecieron que no lloviera, pese a que en el discurso oficial de Camps estuvo presente, una vez más, el trasvase del Ebro.








