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16.07.08 -

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Detrás de muchas frases hechas y refranes suele esconderse un auténtico pozo de sabiduría aplicable a una gran diversidad de hechos y actitudes del glosario del comportamiento humano. Una de ellas preconiza que las grandes expectativas generan grandes frustraciones y nada más cierto en el ámbito que hoy nos ocupa: la idealización sexual. Cuando se genera una gran expectativa ante algún hecho o circunstancia, programamos nuestra mente para conseguir un alto nivel de satisfacción que, en caso de verse frustrada o no alcanzada, aumenta el nivel de insatisfacción por encima de los niveles esperados ante cualquier intento fallido o fracaso. Es decir, que nos frustramos mucho más de lo que deberíamos si la expectativa generada sobrepasa las predicciones que uno suele hacerse en condiciones naturales, guiado básicamente por la actitud, el nivel de motivación y el conocimiento de las propias habilidades y limitaciones. Es justamente por esta generación de expectativas y no a pesar de ellas que en muchas ocasiones se consigue lo opuesto: la insatisfacción sexual fruto de una idealización excesiva.

La mayoría de expectativas se generan ante la observación del comportamiento del otro o de factores externos que difícilmente dependen de nuestras variables internas, por lo que la persona siente cierta indefensión al no llegar al umbral esperado. La sociedad actual dificulta los niveles de satisfacción sexual justamente en este sentido, vendiéndonos un sexo inalcanzable en muchas ocasiones, sustituyendo la gran importancia que tiene la actividad sexual en el individuo por la necesidad casi compulsiva y exclusiva del sexo, cometiendo uno de los mayores errores que se pueden cometer en este ámbito: sustituir cantidad por calidad y es entonces cuando se produce la insatisfacción, ya que la persona que espera mucho siempre cree que recibe poco.

Una de las idealizaciones más comunes, sobre todo en la población femenina, es la idealización orgásmica. Suelen ser mujeres que, experimentando el orgasmo, no están suficientemente satisfechas con él porque les han dicho, han leído o se han documentado al respecto y su concepto de orgasmo se acerca más a una experiencia místico religiosa que a una respuesta orgánica que se desencadena tras recibir la estimulación adecuada y la vivencia física y subjetiva del placer; de manera que la mayoría de dudas que se desencadenan en ellas no son debidas a lo poco que sienten, sino a lo mucho que esperan. Creen que el orgasmo debe ser algo tan intenso que luego al experimentarlo se defraudan. Ruego que si alguna lectora se identifica con lo que está leyendo siga un par de indicaciones: abandónese al placer que siente en lugar de esperar el que cree que debería sentir. En definitiva, déjese llevar sin esperar.

Son muchas las personas que acuden a consulta creyendo padecer algún tipo de disfunción sexual por no haber alcanzado el nivel de satisfacción sexual que habían esperado, reduciendo el sexo a una mera actividad competitiva donde constantemente se ponen a prueba las propias capacidades y las de la pareja, dificultando enormemente los requisitos fundamentales para que toda relación sexual sea placentera: relacionarse siempre desde el deseo previo y no desde la expectativa de conseguir cierto nivel de satisfacción y actuar siempre libremente, sin condicionamientos previos que bloqueen o intercedan en nuestra expresión sexual.

Alguien me dijo una vez que lo mejor es siempre enemigo de lo bueno, de manera que procuren disfrutar del sexo de acuerdo con sus capacidades y sensibilidades. Teniendo presente que la mejor manera de tener un sexo fantástico es no fantasear sobre el bombardeo informativo que ciertas revistas y libros nos venden a través de pócimas mágicas que harán de nosotros auténticas bombas sexuales. Créanme si les digo que la satisfacción sexual es siempre fruto de la autenticidad de manera que en lugar de idealizar el sexo, practíquenlo desde cada una de sus realidades. Déjense de recetas milagrosas que garanticen su satisfacción sexual y focalicen toda su atención (sin excesos, porque lo que conviene justamente es dejarse llevar y desinhibirse) en lo que sucede en sus camas y no en lo que debe suceder en la cama de Nacho Vidal. Y denle la importancia que realmente tiene el sexo en sus vidas. Esto último me hace pensar en Woody Allen cuando decía que sólo existen dos cosas importantes en la vida. La primera es el sexo y la segunda no me acuerdo. Demasiado importante como para idealizarlo, ¿no?

www.soniacervantes.com

Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.
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