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07.07.08 -

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«Probablemente el síndrome de Asperger ha existido siempre, pero, hasta que en 1945 se realizó el primer diagnóstico, los que lo sufrían eran tomados por raros», explica María José Navarro, psicóloga especializada.

Y es que no es fácil diagnosticarlo, ya que «los niños Asperger tienen un aspecto normal, una inteligencia normal o alta y habilidades muy concretas en aspectos determinados», refiere.

Sin embargo, «no saben cómo relacionarse, tiene dificultades para desarrollar habilidades sociales, y son muy literales », añade. Estos síntomas pueden aparecer también en otro tipo de trastornos, por eso, «muchos son diagnosticados de trastorno generalizado de atención o hiperactividad, patologías que, además, pueden darse dentro del síndrome de Asperger», aclara Navarro.

Suelen tener problemas en la escuela, si los profesores no están materializados con el problema, «porque, si bien memorizan muy bien, les cuesta entender el lenguaje que habitualmente utilizamos, plagado de subjetividad».

Por ejemplo, «si en un examen piden que señales la respuesta correcta, todos entendemos que tenemos que marcarla con un bolígrafo, pero ellos la señalan con el dedo, porque señalar significa, literalmente, eso», expone la psicóloga. Hay que utilizar con ellos «un lenguaje muy medido y enseñarles los dobles sentidos».

Es por esta falta de subjetividad que los niños con Asperger son claros, transparentes, dicen lo que ven, lo que piensan. «Si el mundo estuviera gobernado por Asperger no habría guerras, aunque su sinceridad puede ser inoportuna», comenta Navarro.

Actualmente, un psicólogo puede realizar un diagnóstico fiable entre los 5 y 8 años del niño, pero depende de lo evidente que sea el síndrome. «Hay casos de manual y otros más difíciles», expresa Navarro.

Las terapias que siguen los pequeños, una vez diagnosticados son de dos tipos: «Por un lado, reciben tratamiento psiquiátrico o neuropediátrico y, por otro, comienzan terapias psico educativas y emocionales, que son fundamentales», dice la psicóloga.

En ellas, Navarro trabaja sus carencias: «Con juegos y apoyos visuales, aprenden las habilidades sociales que nosotros desarrollamos naturalmente», indica.
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