Es importante remarcar que, en el momento en que una persona forma parte de un grupo asume la identidad del mismo, desprendiéndose de la propia mientra dure la permanencia en él. De ahí que el tímido e inhibido social pueda llegar a descontrolarse, gritando e incluso llegando al insulto en el contexto de pertenencia a los seguidores de un determinado equipo de fútbol. De manera que las personas nos comportamos de distinta manera si estamos actuando desde la individualidad o desde el grupo. Es ahí cuando distintos factores influyen sobre nuestra conducta modificándola en beneficio de las directrices del grupo al que pertenecemos. Lamentablemente, el tema del comportamiento colectivo en el deporte está muy poco estudiado y una exhaustiva revisión de algunos hechos (sobre todo las agresiones que se producen dentro y fuera de los estadios) por parte de los profesionales de la psicología podría arrojar nuevas luces para poder entender qué hay detrás de este tipo de conducta.
En el caso particular del comportamiento en el estadio de fútbol nos encontramos ante una multitud deportiva de tipo agresivo (eso no quiere decir que todo aquel que asista a ver un partido de fútbol tenga una personalidad o actitud fundamentada en la agresión) sobre todo en aquellos casos en los que se da la vivencia colectiva de injusticia (un penalti no pitado, una falta injusta, una derrota inesperada, etc.). Al mismo tiempo, la euforia grupal desencadenada por la victoria del equipo, con la posterior ingesta de alcohol predispone al individuo a desinhibirse socialmente y a ser menos responsable de sus actos, favoreciendo la aparición de conductas agresivas. También es cierto que una de las características del comportamiento colectivo es que no está sujeto a ninguna norma establecida previamente, por lo que los acontecimientos se suceden de manera espontánea, sin control alguno, con lo que nos encontramos ante una masa que actúa con pautas de acción social no estructuradas, a diferencia del comportamiento convencional, donde los grupos son estructurados y gobernados por ciertas reglas. Todo ellos nos conduce, afortunadamente en contadas ocasiones, a la conversión de un espectáculo público y lúdico en todo un conjunto de actos lamentables que no benefician en absoluto al fútbol en particular y al deporte en general.
Así que, conociendo un poco más los componentes de alienación que hay detrás del comportamiento masivo, manténganse firmes en sus butacas, no pierdan el control, actúen bajo los preceptos de la inteligencia emocional de la que hemos estado hablando últimamente y prepárense para disfrutar de un buen partido porque, como decía Platón, cuando una multitud ejerce la autoridad es más cruel aún que los tiranos. Eso sí, crucen los dedos el jueves a ver si se repite la gesta.
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Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.








