
LAS CIFRAS
Tras 36 horas de vuelo desde Auckland (Nueva Zelanda), en cuyos muelles se construyó el velero, el Antonov aterrizó ayer a las ocho y media de la mañana en el aeropuerto alicantino con el Telefónica negro en su interior, ganando más de 29 días de transporte marítimo. «Este adelanto es fundamental para preparar bien la prueba y que la tripulación comience a entrenar cuanto antes», explicaba un portavoz del equipo.
El equipo de Telefónica tiene muy claras sus prioridades en la Volvo Ocean Race: «La Copa del América es como ir a la oficina; llegas, compites y te vas a casa. Esto es otra historia, pura aventura», cuentan los portavoces del equipo citando a la tripulación.
De ahí que no se hayan escatimado gastos en esta operación, que ha tenido un coste aproximado de un millón de euros. Por ejemplo, más de 40 operarios participaron ayer en las tareas de desembarco y carga del velero en el camión que le llevó hasta su almacén, en los muelles del Puerto de Alicante, donde se terminará de montar. Fueron cinco horas de delicadas tareas; primero, bajar el barco de la panza del avión, depositarlo en la pista y que una enorme grúa levantara las 20 toneladas del casco y las depositara en un enorme tráiler, que completó un recorrido que se inició al otro lado del mundo.
Estuvieron desde las diez de la mañana hasta la tres de la tarde, hora a la que arrancó el vehículo, bajo la mirada de los trabajadores del aeropuerto, que se no pararon de hacer fotos, y de la escolta de la Guardia Civil. En una semana, calculan en Telefónica, comenzarán los entrenamientos y, a principios de julio, el barco «estará en óptimas condiciones para competir».







