
TERRATRÈMOL
Con la socialización, la agroecología y el medio ambiente como pilares básicos, este colectivo se ha marcado como objetivo mantener un bancal mediante técnicas naturales para el autoconsumo, recuperar semillas y variedades tradicionales, promover la agroecología y la relación entre lo rural y lo urbano, y fomentar los hábitos de consumo locales y la autogestión de la alimentación, así como el respeto y la no sobreexplotación de la tierra.
Esta iniciativa, constituida en una asociación y bautizada como Terratrèmol, comenzaba su andadura hace unos dos años y medio a raíz de unas jornadas de labranza y globalización, tal y como explica uno de los fundadores de este grupo y biólogo de profesión, Rafael, quien afirma: «Tras el taller, nos vino la idea de crear un huerto ecológico. Uno de los participantes del curso, Renato, nos sugirió, entonces, utilizar para el proyecto unos terrenos de su propiedad en la pedanía de Bacarot. Él no cultivaba en esa tierra, así que nos propuso cedérnosla a cambio de un pequeño alquiler».
El grupo aceptó el trato y, en seguida, se puso manos a la obra. «Los inicios -recuerda Amador, otro de los principales precursores de Terratrèmol- fueron muy duros. Nos pasamos un mes quitando piedras de la tierra y, cuando por fin acabamos, tuvimos muchos problemas para cultivar porque el terreno es muy seco, consistente y arcilloso».
Pero, poco a poco y con dedicación, la tierra ha ido tomando forma y, a día de hoy, árboles frutales, oliveras, verduras y hortalizas de temporada y otro tipo de cultivos se difuminan a lo largo de esta huerta de cerca de 5.000 metros cuadrados.
Con el impulso que otorga la consecución del proyecto, la asamblea de Terratrèmol se ha propuesto otras metas. Así, entre los próximos planes destaca la construcción de un filtro verde para mejorar la calidad del agua de riego.
«Actualmente, regamos con restos procedentes de la depuradora que nos facilita Agricoop, pero es bastante mala por su alta salinidad. Por ello, queremos hacer una balsa en la que introducir algas que se alimentan de estos residuos y, de esta forma, purificar el agua. Asimismo, introduciríamos en otra charca ranas para, además de contribuir a su recuperación, emplearlas como bioindicadores del estado del líquido», señala Nacho, ingeniero agrónomo e integrante de Terratrèmol.
Otros propósitos son la creación de una pequeña granja en la que criar gallinas y conejos, la edificación de un invernadero nuevo y la preparación de terreno para cultivar plantas aromáticas y un semillero.
Así, el fin de semana la actividad bulle en la finca de Terratrèmol. Hay mucho trabajo por delante y los componentes de la cooperativa no tardan en inclinar la espalda: se debe arar la tierra, recoger los frutos maduros, regar y plantar nuevas tandas de alimentos de temporada.
Como explica Chimo, profesor en un instituto y cooperante del proyecto, «aquí hay gente que no ha cogido una pala en su vida, pero con motivación y ayuda, entre todos, vamos aprendiendo».
Especialmente complicado es el apartado dedicado a la eliminación de plagas y otros animales, pues, como cultivos ecológicos que son, los pesticidas y fertilizantes artificiales están totalmente desterrados.
Celebraciones
A cambio de una pequeña cuota mensual que se destina al alquiler de la tierra, y a la compra de agua y otros aperos, los integrantes, que dedican entre tres y cuatro horas a la semana al trabajo en el terreno, tienen derecho a disponer de todo lo que se cultiva.
Hay gente, no obstante, que quiere participar de alguna forma pero que carece del tiempo necesario para acudir al campo. Para ellos, cabe la posibilidad de colaborar mediante una asignación anual que les permite acudir a las celebraciones que una vez al mes se realizan en el bancal.
«Solemos reunirnos para hacer comidas o cenas al aire libre. Preparamos paellas gigantes con los productos de la tierra y organizamos fiestas porque Terratrèmol es mucho más que una cooperativa agroecológica. Es un punto de reunión entre amigos que tienen en común la preocupación por una tierra que, cada vez más rápido, pierde terreno frente al voraz urbanismo», señala un entusiasmado Amador.
En la misma línea se expresan los demás compañeros, que declaran: «Éste es un proyecto sacrificado, pero muy hermoso porque nos dedicamos a lo que más nos gusta: el campo. Estamos orgullosos de lo que hacemos y es que no hay que olvidar que quien pierde la tierra, pierde las raíces».






