Tal es el caso de un joven alicantino, José Cortijo, quien, desde hace dos años, trabaja en Pekín en la Delegación de la Comisión Europea, lugar en el que se encontraba cuando el suelo comenzó a moverse: «El edificio en el que trabajo tiene sólo dos plantas y, en el momento del temblor, yo me encontraba en la segunda. Pero, como estaba ocupado, realmente no me di cuenta del terremoto. Noté vibraciones, pero como hay obras por todos lados, te acostumbras a ellas. Entonces, al bajar, empecé a oír todo el revuelo y los emails volaban. Compañeros que trabajan en edificios superiores en otras compañías me contaron que fue como en el 11-S, con la gente gritando y desalojando pisos. Hasta donde yo sé, en Pekín se quedó en un susto, aunque se anunciaron réplicas en las siguientes doce horas durante la noche y la gente estaba un poco asustada».
«Ahora, con el sentimiento patriótico y antioccidental desatado entre la población china -especialmente jóvenes- por las declaraciones de Sarkozy, se ha abierto una campaña de apoyo a las víctimas. En todo tipo de agrupaciones, incluidos bares, se está pidiendo dinero para la Cruz Roja china, medicinas, ropa, tiendas de campaña, sábanas... Todo el mundo está impresionado por el tema. He preguntado qué tipo de edificaciones había en la zona y no he encontrado respuesta, pero dudo mucho que estuvieran preparadas para esto», acaba Cortijo desde China.







