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No me quieras tanto...
14.05.08 -

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...que me ahogas. O, lo que es lo mismo, quiéreme menos, pero mejor. Tras estas palabras se esconde una de las mayores quejas de los pacientes que llegan a mi consulta. Es una de las premisas que dinamitan las bases de la estabilidad del vínculo de la pareja, porque mucha gente confunde amar a alguien con depender o necesitar estar junto a otra persona. Tras esta actitud se encuentra el temido proceso que los psicólogos denominamos dependencia emocional. El patrón de relación establecido desde esta concepción se caracteriza por una necesidad casi enfermiza de querer permanecer junto al otro y un intenso temor a su pérdida, cargado con altos componentes de ansiedad que esconden el miedo al abandono. Son personas con un apego excesivo hacia su pareja, con actitudes de admiración exageradas que les llevan a idealizar al otro, de manera que adoptan actitudes tales como la sumisión y la distorsión de la percepción de la realidad de la persona a la que aman, convirtiéndola en el príncipe azul o la princesa del mejor cuento de hadas.

El origen de la personalidad codependiente se debe, en la mayoría de los casos, a diversos factores etiológicos que se establecen a lo largo de la historia personal del individuo. Ya desde la infancia, suelen desarrollar patrones de ausencia afectiva donde no llegaron a sentirse amados y valorados de manera plena, hecho que les hizo desarrollar una baja autoestima y una sensación constante de pérdida o abandono por parte de sus progenitores o cuidadores. Este tipo de vínculos se origina desde la necesidad de ser amado, pero desde la ausencia de reciprocidad afectiva, por lo que la persona desarrolla una debilidad emocional que le conduce a no quererse ni respetarse a sí mismo, porque no ha recibido este trato adecuado por parte de las personas significativas de su infancia. Todo ello los capacita y autodefine como personas con alta capacidad para estar solas, porque ya desde una temprana edad han aprendido a sobrevivir en ese ambiente de carencia afectiva. Ya de adultos, en su búsqueda de relaciones afectivas, mostrarán una clara tendencia a buscar personas que compensen ese déficit. Estabilizan sus vínculos con una serie de características personales: baja autoestima, subordinación, desarrollo de relaciones interpersonales de tipo destructivo, miedo constante al abandono y una clara falta de límites del yo. Buscan a alguien que le garantice la felicidad plena y absoluta olvidando que el mejor camino pare ser felices, como ya hemos comentado en alguna ocasión, casi siempre está en manos de uno mismo. Los fundamentos de toda relación de pareja deben ser el amor, el respeto, el conocimiento propio y del otro y la comunicación, no la necesidad de estar con alguien.

Este tipo de personas suele llegar a consulta cuando la sensación de abandono puede haberse convertido en una realidad refrendada por hechos objetivos, cumpliéndose así uno de sus grandes temores. Con la actitud previa de ansiedad constante a ser abandonados ponen en marcha el mecanismo de profecía autocumplidora según el cual, a través de nuestros grandes miedos y temores, lo único que hacemos es adoptar actitudes que los provocan. La otra parte suele acudir con la sensación de ahogo y presión ante alguien que no le deja vivir, con una demanda constante de afecto que acaba por asfixiar a quien se ama desde el posicionamiento de la dependencia.

La única manera de poder subsanar todo este desastre es la reeducación emocional a través de la psicoterapia de aquellas personas que padecen esta necesidad afectiva, a través del autoconocimiento y el refuerzo de la autoestima. Deben incorporar nuevas estructuras mentales que sustituyan las creencias erróneas que se esconden tras la necesidad de permanecer al lado de su pareja (sustituyéndola por el deseo de estar junto a alguien); la responsabilidad en uno mismo (en vez de delegarla de pleno en el otro); la fijación de metas personales y el establecimiento de límites; la sustitución de la subordinación por la complementariedad, etcétera. El gran peligro que corre este patrón relacional es que suelen verse sus efectos a largo plazo, ya que, al principio y durante un tiempo, quien es pareja de un dependiente emocional, lejos de verse agobiada y ahogada, experimenta la sensación de ser querida sin límites y aceptada en su totalidad cuando en realidad está abonando el pago de una factura muy alta confundiendo amor por necesidad sin límites, admiración por subordinación y fidelidad y lealtad con un temor excesivo a ser abandonado.

Así pues, construyan relaciones desde el deseo, no desde la necesidad, y desde la aceptación de que incluso el ser amado tiene sus limitaciones y, a pesar de ello, lo aceptamos porque aceptamos que nosotros mismos también las tenemos. Recuerden que, como dijo Sam Keen, aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a quien no lo es.

www.soniacervantes.com

Sònia Cervantes es psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.
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